Al ex estratega de la Casa Blanca Steve Bannon muchos republicanos le atribuyen la pérdida de una banca en el Senado en un estado altamente conservador como Alabama y también le cuestionan la asesoría que le da al presidente Donald Trump. Bannon, no obstante, no da muestra alguna de que vaya a abandonar su insurgencia contra el establishment republicano.

Bannon apoyó firmemente a Roy Moore, el ultraconservador derrotado por su rival demócrata en medio de denuncias de que acosó sexualmente a muchachas menores de edad décadas atrás. Las acusaciones hicieron que el partido Republicano le retirase su apoyo, pero Bannon se jugó por Moore y convenció a Trump de que lo respaldase también.

Cuando los demócratas arrebataron a los republicanos una banca que parecía a prueba de fuego el martes, el partido la emprendió contra Bannon, quien se había ganado ya numerosos enemigos entre sus supuestos correligionarios al declararle la guerra a la vieja guardia.

“Este es un recordatorio brutal de que las cualidades de un candidato son importantes, sin importar dónde se postule”, afirmó Steven Law, director del Senate Leadership Fund, un “super PAC” (comité de recaudación de fondos) alineado con la conducción del partido. “Steve Bannon no solo nos costó una banca en el Senado en uno de los estados más republicanos del país, sino que arrastró al presidente en este fiasco”.

La gente de Bannon aseguró que su revolución continuará y que el verdadero culpable de la debacle de Alabama fue el líder del bloque del Senado Mitch McConnell, quien le retiró su apoyo a Moore.

Para los aliados de Bannon, el revés de Alabama es apenas un traspié temporal que pronto será olvidado. Creen que el regocijo que genera entre algunos sectores republicanos la derrota de Moore causará enorme malestar entre la base de Trump, que ya sospechaba que algunos líderes republicanos están boicoteando la agenda del mandatario.

“Están pisoteando la base que necesitan para sacar adelante a sus candidatos en las elecciones (de mitad de término) del 2018”, declaró Andy Surabian, asesor del Great American PAC, que apoya Bannon. Sostuvo que “el votante republicano promedio le apunta a Mitch McConnell y al establishment republicano”.

En su programa radial, Bannon dijo el miércoles que los demócratas “fueron más vivos” que los republicanos en Alabama, en lo que pareció una alusión indirecta al hecho de que la estructura partidaria republicana del Senado no ayudó a Moore.

El futuro de la insurgencia de Bannon podría depender de la influencia que pueda seguir teniendo en Trump.

En un primer momento, Trump se ha mostrado contenido ante la derrota de Moore, según un funcionario de la Casa Blanca y un asesor de afuera que no están autorizados a hablar en público sobre conversaciones privadas. Algunos en el Ala Occidental habían esperado que Trump rompiese con Bannon, pero eso no parece haber sucedido, según estas dos fuentes.

Desde que Bannon dejó la Casa Blanca en agosto, ha mantenido una relación estrecha con el presidente y habla con él frecuentemente por teléfono, recordándole las promesas populistas de su campaña. Si bien estaba cansado de las peleas internas generadas por Bannon, Trump seguía teniendo alta estima por él, diciéndoles a algunos allegados que Bannon comprendía mejor que la mayoría de sus asesores el sentir de su base. También le gustaba el espíritu combativo de Bannon, en quien ve a alguien siempre dispuesto a ir a la guerra, como él.

Bannon trató de convencer a Trump de que apoyase a Moore en las primarias republicanas, pero el presidente terminó aceptando el consejo de sus colaboradores y respaldando a Luther Strange, quien buscaba la reelección tras heredar la banca dejada vacante por Jeff Sessions cuando fue nombrado secretario de justicia. Pero Trump nunca tuvo demasiada fe en Strange y se preguntó en público si había tomado la decisión correcta.

Después del triunfo de Moore en las primerias, Bannon pensó que esa era la primera batalla de una guerra civil interna del partido Republicano y posteriormente recomendó a Trump que apoyara a Moore en su contienda con el demócrata Doug Jones a pesar de las denuncias sobre sus supuesto acoso sexual de menores. Trump dudó un momento, pero finalmente le brindó un apoyo sin reservas, en contra del deseo de sus asesores y de la conducción republicana.

Trump dijo el miércoles que le “hubiera gustado contar con la banca” de Alabama en el Senado, aunque “muchos republicanos piensan distinto y están muy contentos con el rumbo que tomaron las cosas”.

La gente de Bannon insistió en que continuarán su batalla contra el establishment republicano en probablemente diez estados el año que viene.

Numerosos republicanos, no obstante, se regodeaban con lo que ven como una batalla perdida por Bannon.

El senador Lindsey Graham opinó que Bannon debió haber apoyado a Strange de entrada.

“Debió haber seguido al president @realDonaldTrump y respaldado a Luther Strange", dijo en un tuit. “El instinto de Trump en Alabama resultó correcto”.

Por su parte el representante republicano Peter King afirmó que Bannon parecía “un borracho desaliñado que llegó sin querer a la escena política”.

“Este no es el tipo de gente que necesitamos en la política”, dijo King. Bannon “se presenta con sus puntos de vista de la alt-right (derecha alternativa) y para mí degrada el gobierno y el proceso político”, agregó. “La elección (de Alabama) fue una manifestación de la revulsión del pueblo estadounidense”.

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El reportero de la Associated Press Steve Peoples (Washington) colaboró en este despacho.

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