El Senado italiano aprobó el jueves una ley que permite a los ciudadanos dejar por escrito su voluntad de rechazar alimentación e hidratación forzadas, un paso más en el prolongado y angustioso debate de la nación católica sobre la eutanasia y otros problemas del final de la vida.

Conocido el voto de 180-71, el pequeño grupo de activistas por el derecho a la muerte digna prorrumpió en aplausos, considerando que la ley es una victoria luego de que varios casos de eutanasia con gran repercusión dieron lugar a causas penales.

“Desde luego, nos falta la legalización de la eutanasia que propondremos al próximo parlamento”, dijo el vocero Marco Cappato.

Cappato está siendo juzgado en Milán por ayudar a Fabbio Antoniani, un famoso disc jockey conocido profesionalmente como DJ Fabo, a viajar a Suiza para morir en una clínica de suicidio asistido. Antoniani quedó paralizado, ciego e incapaz de respirar por sus medios tras un accidente de auto en 2014.

En la víspera, la corte de Milán escuchó el testimonio grabado de Antoniani en el cual dice que no soporta vivir un día más, declaraciones que, según trascendidos, le provocaron lágrimas al mismo fiscal.

Por otra parte, el Vaticano está volviendo a estudiar las cuestiones del fin de la vida. Una serie de conferencias han puesto el énfasis en la necesidad de la atención paliativa y en la doctrina católica, para la cual se debe proporcionar al moribundo los cuidados “ordinarios”, no los cuidados “extraordinarios” que prolongan la vida a toda costa.

En un discurso en noviembre que los italianos consideran respalda la nueva ley, el papa Francisco reiteró la oposición de la Iglesia a la eutanasia, pero a la vez rechazó la “obstinación terapéutica” de la que hacen gala algunos médicos incluso cuando los beneficios de las terapias heroicas para sus pacientes son discutibles, insignificantes o nulos.

Si bien el magisterio eclesiástico considera que la nutrición e hidratación artificiales son parte de los “cuidados ordinarios” que se deben brindar a los moribundos, el debate parlamentario sobre el documento de voluntad anticipada y su cláusula que permite rechazar alimentos y agua generó escasa oposición entre los católicos.

Llamó la atención la ausencia de una crítica católica unificada, dada la oposición del Vaticano al suicidio asistido y en particular cuando la Iglesia italiana se negó a darle un funeral católico a Piergiorgio Welby, un poeta cuyo suicidio asistido en 2006 dio impulso al movimiento por una muerte digna en Italia.