Los gobernantes de la Unión Europea se aprestan a abordar el jueves uno de los asuntos que ha causado mayores diferencias dentro del bloque de 28 naciones: cómo distribuir la responsabilidad colectiva por las decenas de miles de personas que llegan a las costas de Europa en busca de una vida mejor.

A pocas horas de una cumbre de la UE en Bruselas, se han agudizado las tensiones ante la percepción de que es necesario imponer cuotas nacionales. Grecia e Italia, los países donde arriban los refugiados, han recibido hasta ahora escasa solidaridad. Un plan de cuotas obligatorias encontró oposición, principalmente de los países del este de Europa: República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia.

La crisis política en torno a los migrantes es un problema existencial para Europa, si bien el flujo de arribos cayó drásticamente este año.

Cuando cientos de miles de refugiados sirios marcharon hacia el norte desde Grecia en 2015, algunas naciones de la UE erigieron cercas, lanzaron la represión policial y cerraron sus fronteras, lo que obligó a los migrantes a buscar otros países. Se reintrodujo la verificación de identidades en partes de la zona libre de pasaportes, lo que perjudicó el comercio, los negocios y el turismo.

Los partidos antiinmigrantes y la ultraderecha registraron un importante crecimiento.

“La crisis de la migración puso a prueba el carácter de la UE”, escribió el miércoles Roderick Parkes, analista sénior en el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE.

Ha puesto a prueba “la capacidad de liderazgo (de la UE) en el terreno de la recepción de refugiados, del aprovechamiento de las oportunidades económicas de la inmigración y de compartir la carga que sobrellevan Turquía, Líbano o Kenia al recibir a los refugiados. Y la UE fue reprobada en todos los terrenos”.