El presidente palestino Mahmud Abás puso fin a un cortejo de años con Estados Unidos al solicitar el miércoles a las Naciones Unidas que reemplace a Washington como mediador en Medio Oriente, e insinuó que podría no cooperar con los esfuerzos del gobierno del presidente Donald Trump por concretar un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos.

Durante una cumbre en Turquía, líderes árabes y musulmanes “rechazaron y condenaron” el reconocimiento de Trump a Jerusalén como capital de Israel — acción que derivó en el agudo cambio en las políticas de Abás —, pero no respaldaron su postura más combativa hacia Washington.

Una posible negativa de los palestinos a negociar con Estados Unidos y las crecientes críticas a la decisión de Trump de reconocer a Jerusalén, incluso por parte de sus aliados árabes, genera nuevas dudas sobre las ya remotas posibilidades del gobierno estadounidense para concretar un acuerdo y tener éxito en un tema en el que sus predecesores han fracasado.

Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, dijo el miércoles que el gobierno seguirá trabajando en un plan para Medio Oriente que cree será benéfico para israelíes y palestinos. Al referirse a Abás, Nauert dijo que el “tipo de retórica que escuchamos ha impedido la paz en el pasado, y no es precisamente sorprendente que se digan esas cosas”.

Al rechazar a Estados Unidos, Abás se encontraría en un terreno desconocido.

No cuenta con una alternativa práctica e inmediata luego de más de dos décadas de negociaciones encabezadas por Estados Unidos sobre las condiciones para el establecimiento de un Estado palestino. Los palestinos buscan la creación de dicho Estado en tierras que Israel capturó durante la Guerra de los Seis Días en 1967: Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén oriental.

Por otro lado, el reconocimiento de Trump a Jerusalén como capital israelí fue criticado por los palestinos y otros miembros de la región como un espectáculo que provoca parcialidad hacia Israel, lo que le complica a Abás justificar el mantener las negociaciones de paz con Washington como mediador.

El argumento de Trump de que su anuncio no representa un respaldo a los límites específicos de la soberanía israelí en Jerusalén no ha cobrado fuerza ante la indignación que generó.

El destino de Jerusalén es un tema muy delicado en la región, e incluso los líderes de Arabia Saudí y Egipto — presuntamente ansiosos por ayudar a impulsar los esfuerzos de Trump en Medio Oriente — no pueden darse el lujo de generar una percepción de debilidad sobre los reclamos religiosos de los musulmanes y los reclamos políticos de los palestinos sobre la disputada ciudad. En Jerusalén oriental, que Israel se anexó, se encuentran el tercer templo más sagrado del islam, el más reverenciado para el judaísmo y una importante iglesia cristiana.

La reunión extraordinaria del miércoles con la presencia de 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica concluyó con una exhortación a Trump para que dé marcha atrás en una “decisión ilegal que podría desatar un caos en la región”, y para que el mundo reconozca a Jerusalén oriental como la capital del Estado palestino.

El comunicado de clausura careció de críticas más fuertes contra las políticas estadounidenses que estaban incluidas en la versión preliminar, en la que se cuestionaba el continuo papel de Washington como mediador en Medio Oriente y advertía que el reconocimiento de Trump a Jerusalén ponía en riesgo la seguridad global.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el anfitrión de la cumbre, mantuvo un tono más duro, y en conferencia de prensa dijo que es “imposible” que Washington continúe como moderador entre Israel y los palestinos.

“Ese proceso ya terminó”, declaró.

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Laub report desde Jericó, Cisjordania. Los periodistas de The Associated Press Sarah El Deeb en Beirut, Josef Federman en Jerusalén, Aya Batrawy en Dubái, Ken Thomas y Josh Lederman en Washington y Mohammed Daraghmeh en Ramala, Cisjordania, contribuyeron con este despacho.