Suzanne Davenport todavía se pone el brazalete conmemorativo, y en su automóvil exhibe un botón verde con las palabras “Seamos gentiles” en honor a los 26 niños y docentes asesinados en una escuela primaria en Newtown.

Davenport es residente del vecindario Sandy Hook de Newtown, conocía a algunas de las víctimas, y conoce a muchos sobrevivientes.

Pero como muchos de sus vecinos, Davenport trata de no decir a otros que ella es de Newtown.

"Estaba recientemente en una fiesta en honor a la novia de una boda, y una mujer vio mi brazalete y me preguntó '¿Eres de Sandy Hook?’. Y empezó a hablar del tema. Y yo le respondí, ‘estamos en una fiesta, hablemos de cosas alegres’, pero ella siguió hablando del tema hasta que tuve que decirle 'no creo que este sea el lugar o el momento apropiado para hablar de ese tema’”, relató Davenport.

Cinco años después de la masacre, el poblado sigue lidiando con las repercusiones del crimen en que un joven acribilló a 20 niñitos y seis miembros del personal en la Escuela Sandy Hook, el 14 de diciembre del 2012.

Cuando los vecinos de la zona salen de su acomodada comunidad de 28.000 habitantes, tratan de ocultar su lugar de origen, a fin de evitar discusiones sobre la violencia en Estados Unidos, la necesidad de implementar un mayor control de armas o sobre si la culpa es la enfermedad mental. Otros admiten que son de allí, pero son recibidos con un incómodo silencio, o terminan aceptando expresiones de condolencia dirigidas a un colectivo.

Igual de difícil es cuando la gente ni siquiera reacciona, relata Eileen Byrnes, una instructora de yoga que ha vivido en la zona por 30 años.

“Me provoca decirles, ‘¿es que acaso ya te olvidaste? ¿no recuerdas lo que ocurrió allí? Cómo es posible que ni siquiera sepas lo que pasó?’”, dijo Byrnes. “El hecho es que cuando uno sale de Newtown, esa veces difícil decidir cómo reaccionar o no reaccionar”.

Lo mismo le ha ocurrido a habitantes de otras comunidades que se han vuelto conocidas alrededor del mundo a raíz de masacres ocurridas allí, como por ejemplo en la Escuela Secundaria de Columbine, en la universidad Virginia Tech, o más recientemente en San Bernardino, California o en Sutherland Springs, Texas.

Jane Hammond, quien era superintendente de escuelas en el condado de Jefferson en Colorado cuando ocurrió la masacre de Columbine en 1999, dijo que ahora el distrito entero se encuentra afectado por el suceso y sus repercusiones.

"Hay 144 escuelas en nuestro distrito, pero el resto del mundo nos conoce por ser el distrito donde está la escuela de Columbine", comentó Hammond.