Mientras Irak se recupera de tres años de guerra contra el grupo extremista Estado Islámico, Estados Unidos busca reducir la influencia de su vecino Irán en el país y ayudar a Bagdad a resolver la disputa con la región kurda, dijo el embajador estadounidense en Bagdad a The Associated Press.

Douglas Silliman asumió el cargo en septiembre de 2016, semanas antes del inicio de la ofensiva para recuperar Mosul, en el norte del país. Ahora, con la milicia radical expulsada de todos sus territorios y la declaración de Irak de que la guerra contra el extremismo ha terminado, el diplomático señala que Washington está centrado en mantener la paz y en la reconstrucción, y ve la influencia de Irán como un problema.

"Irán simplemente no respeta la soberanía de sus vecinos. Hasta cierto punto, los iraníes han asistido al gobierno de Irak en la derrota de ISIS”, dijo Silliman utilizando un acrónimo alternativo para el grupo EI. "Pero francamente no he visto a los iraníes donando dinero para ayuda humanitaria, no les he visto contribuir al programa de estabilización de la ONU”.

Irán logró una gran infrecuencia en Irak tras la invasión de 2003 liderada por Estados Unidos, que derrocó la dictadura suní de Sadam Husein y empoderó a la mayoría chií del país.

Cuando EI se propagó por el norte y el centro de Irak en 2014, milicias respaldadas por Teherán se movilizaron en defensa del país, proporcionando un baluarte en muchas zonas donde las renqueantes fuerzas armadas se estaban reconstruyendo. Ahora, los paramilitares sancionados por el estado, llamados Fuerzas de Movilización Popular, cuentan con decenas de miles de combatientes en su mayoría chiíes desplegados por todo el país. Las victorias contra la milicia radical han dado a sus líderes cada vez más poder.

El gobierno de Donald Trump ha pedido el desmantelamiento de las fuerzas paramilitares cuando termine la lucha contra EI. Y se comprometió a adoptar una línea más dura hacia Irán, amenazando con retirarse del histórico acuerdo nuclear firmado en 2015 e imponer sanciones a la poderosa Guardia Revolucionaria de la República Islámica.

Irak, por su parte, está buscando ayuda externa para la reconstrucción tras una guerra que según Bagdad habría causado alrededor de 100.000 millones de dólares en daños. Unos tres millones de iraquíes siguen fuera de sus hogares meses después del final de las grandes batallas.

Washington dejó claro que la campaña militar de 14.300 millones de dólares contra EI no se sustituirá por un plan de reconstrucción con los mismo fondos. Las organizaciones internacionales de ayuda miran sin embargo hacia los adinerados estados del Golfo Pérsico.

"Irak está saliendo de un periodo difícil en el que hubo mucha destrucción económica, muchos disturbios sociales, y pensamos que es importante que Irak tenga relaciones buenas y positivas con todos sus vecinos, e Irán está incluido entre ellos”, apuntó Silliman.

Estados Unidos se alegró por los recientes esfuerzos iraquíes para conectar con Arabia Saudí y Jordania, aliados que espera jueguen un papel más importante en el futuro de la nación.

Washington espera también ayudar a calmar las tensiones entre el gobierno central y la región kurda, en el norte, tras un referéndum de independencia que celebrado en septiembre y que fue rechazado por Bagdad. Fuerzas federales se enfrentaron con combatientes kurdos en octubre mientras las autoridades centrales recuperaron territorios que los kurdos habían arrebatado a EI.

"El papel relativamente modesto que estamos desempeñando es para ayudar a ambos bandos a encontrar vías para avanzar hacia las discusiones”, dijo Silliman, explicando que aunque ambas partes respaldan "la idea" de sentarse a dialogar, las negociaciones para poner fin a la crisis no han comenzado todavía.