El escenario no podría ser más diferente, pero David Wannagot dice que aplica algunas de las habilidades que aprendió durante 30 años como policía en su nuevo puesto como elemento de seguridad a la entrada de una escuela en Connecticut.

Mientras salud a los niños que bajan del autobús en la Escuela Primaria West en una mañana reciente, Wannagot escanea sus rostros, leyendo cualquier indicio de cualquiera que parezca molesto para llevarlo directamente con el vicedirector. Y desde su estación en la entrada ve a todos los visitantes que piden entrar al colegio.

“Haríamos cualquier cosa que podamos para proteger a un maestro o a un niño”, comenta el ex detective de Norwalk.

“No estamos armados, pero tenemos experiencia lidiando con personas violentas, leyendo el lenguaje corporal de las personas, esa clase de cosas”.

Tras la matanza en la Escuela Primaria Sandy Hook hace cinco años, los distritos aumentaron la seguridad, en especial en las escuelas primarias, las cuales tradicionalmente no tienen a un policía asignado como muchas escuelas secundarias o de bachiller. Muchas han contratado a oficiales retirados, bomberos y otros adultos responsables, un método que es menos costoso y potencialmente menos intruso que asignar a un policía en activo, pero que también ha generado dudas en cuanto a la consistencia de capacitación y estándares.

A nivel nacional hay un conjunto de leyes estatales que establecen los requerimientos que deben cumplir los agentes de seguridad en las escuelas, y muchos lo dejan por completo a las juntas escolares. Algunos estados, Connecticut entre ellos, han sopesado leyes para imponer estándares al personal de seguridad que no sean policías.

Incluso antes del tiroteo del 14 de diciembre de 2013, policías que alguna vez estuvieron casi exclusivamente en escuelas secundarias antes de volverse comunes en los bachilleratos, las escuelas ya estaban aumentando la seguridad en las primarias, de acuerdo con Ronald Stephens, director del Centro Nacional de Seguridad Escolar.