El presidente Salvador Sánchez Cerén rindió homenaje el sábado a las víctimas de la masacre de El Mozote a manos de los militares en diciembre de 1981, en la que fallecieron 978 personas, en su mayoría niños.

“Hoy conmemoramos y rendimos homenaje a muchos salvadoreños, en su mayoría niños inocentes que perecieron injustamente por causa de un sistema que irrespetó el derecho a la vida”, afirmó el mandatario durante un acto público en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la matanza conocida como “La masacre de El Mozote y zonas aledañas”.

En su mensaje durante la reunión con los familiares de las víctimas en el caserío El Mozote, a 204 kilómetros al este de San Salvador, el mandatario reconoció que ese “genocidio... se mantuvo en la sombra durante años sin ser reconocido por el Estado salvadoreño”.

Fue hasta el 16 de enero de 2010, en el vigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a la guerra civil (1980-1992), que el entonces presidente Mauricio Funes pidió perdón.

“Hoy reiteramos nuestra disposición como gobierno de enfrentar uno de los pasajes más oscuros de nuestra historia y atender integralmente a las víctimas”, agregó Sánchez Cerén, que cuando ocurrió la matanza era uno de los cinco comandantes que dirigían a la guerrilla que combatía a los militares.

La Corte condenó a El Salvador por la matanza de campesinos y le ordenó investigar los hechos e identificar, juzgar y sancionar a los responsables, así como localizar, identificar y entregar los restos de las víctimas a sus familiares.

Asimismo, le ordenó implementar un programa de desarrollo a favor de las comunidades, garantizar las condiciones adecuadas para que las víctimas desplazadas puedan retornar a sus comunidades de origen de manera permanente, y lanzar un programa de atención y tratamiento integral de salud física, psíquica y psicosocial. Además el Estado salvadoreño debe pagar indemnizaciones por daños materiales e inmateriales.

Recientemente, después de 36 años de la matanza, el gobierno salvadoreño confirmó que el ejército asesinó a 978 campesinos en El Mozote. De éstos, 553 eran menores de edad.

La masacre se registró entre el 11 y 13 de diciembre durante una operación del ahora extinto batallón Atlacatl, entrenado en tácticas de contrainsurgencia en Estados Unidos.

Los soldados entraron a la zona en busca de las unidades del guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, pero mataron a cuanto civil encontraron en el lugar. Muchos de los cuerpos de las víctimas fueron arrojados en el interior de una pequeña iglesia, a la que luego se le prendió fuego.

María del Rosario López Sánchez, una de los sobrevivientes de la matanza, dijo durante el acto público que “de mi familia fueron 24 a los que asesinaron”, entre ellos varios menores de edad, “y no sabemos por qué murieron esos niños, también los adultos mayores”.

Visiblemente afectada, la mujer contó que su hermana, María Priscila López Sánchez, fue violada y luego asesinada por los militares, “así es que también estamos pidiendo justicia y reparación”.

Un informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas divulgado en 1993 responsabilizó de la masacre al coronel Domingo Monterrosa, por entonces comandante del batallón Atlacatl, así como al jefe de operaciones, coronel Armando Azmitia y a otros seis oficiales, entre capitanes y mayores que no fueron juzgados bajo el amparo de una ley de amnistía decretada por el presidente Alfredo Cristiani (1989-1994).

Monterrosa y Azmitia murieron en la zona de El Mozote el 23 de octubre de 1984, cuando un helicóptero en que volaban explotó en el aire debido a una bomba colocada por la guerrilla.