Ha ignorado todas las normas de la política moderna.

Habla sin libreto. Tiene pocos fondos y no le da mucha importancia a los esfuerzos por movilizar a los votantes. Además, ataca sin piedad a los líderes de su propio partido.

Hace un año, esa figura era el aspirante a la presidencia Donald Trump. Este año ese papel lo desempeña Roy Moore, que conserva buenas posibilidades de ser elegido senador nacional por Alabama a pesar de haber sido acusado de comportamiento sexual inapropiado y destituido dos veces como presidente de la Corte Suprema del estado.

El republicano Moore podría ganar la elección especial del martes que viene por una banca en el Senado nacional en una contienda que tiene muchos paralelos con la campaña presidencial de Trump. Moore ha capeado el temporal derivado de denuncias de comportamiento sexual inapropiado apelando a las mismas fórmulas heterodoxas que según numerosos observadores solo podían funcionar con alguien como Trump.

“Trump representaba un rechazo a las elites y creo que mucha gente esperaba que esta fuera una anormalidad aislada en el sistema”, expresó el cuadro republicano Andy Surabian, que trabajó para la campaña de Trump el año pasado y ahora asesora a una organización recaudadora de fondos que apoya a Moore. “Pero en realidad fue un indicador de una tendencia a largo plazo que ahora se manifiesta en Alabama”.

No está claro si es algo planificado o no, pero la candidatura de Moore es un calco de la de Trump en muchos sentidos.

Sus rivales gastaron mucho más dinero que ellos. Hillary Clinton y sus aliados demócratas invirtieron el doble que Trump en la campaña. La disparidad es mayor todavía en Alabama, donde el demócrata Doug Jones ha gastado muchísimo más que Moore.

Como sucedió con Trump, la falta de dinero obligó a Moore a hacer una campaña muy básica, sin un plan integral para identificar a sus votantes y asegurarse de que acuden a las urnas.

Los dos, por otro lado, se han visto envueltos en escándalos.

A solo 32 días de la votación del 2016 el Washington Post difundió un video del programa televisivo “Access Hollywood” en el que Trump admite un comportamiento sexual inapropiado. En los días siguientes varias mujeres ofrecieron detalles de la conducta de Trump.

Y 33 días antes de la votación en Alabama, el Washington Post publicó su primer reportaje sobre las mujeres que acusan a Moore, incluida una que dijo tener 14 años cuando Moore, por entonces un abogado treintañero, se sacó la camisa y los pantalones y la toqueteó debajo de su ropa interior. Varias otras mujeres reportaron conductas sexuales inapropiadas de Moore en los días siguientes.

En ambos casos, varios republicanos de Washington pidieron que retirasen sus candidaturas. Y ellos respondieron negando haber cometido irregularidades, criticando a los medios de prensa y cuestionando a la conducción de su partido. A medida que se acercaba el día de la votación, la oposición dentro del partido Republicano fue mermando.

Los dos sobrevivieron explotando sus debilidades en momentos en que cundía un fervor anti-establishment en el electorado.

Como hiciera Trump antes que él, Moore atribuye sus problemas para recaudar fondos y las denuncias de conducta sexual inapropiada a un complot del establishment. Y muchos votantes frustrados con el estado de cosas, ven eso con buenos ojos.

“Hay muchos paralelos con Trump. Las dos son candidaturas que responden a impulsos emocionales. Explotan el malestar del electorado con Washington y con el status quo”, afirmó Terry Sullivan, quien dirigió la campaña presidencial de Marco Rubio el año pasado. “La verdad, el establishment republicano está ayudando a Roy Moore al oponerse a él”.

Como ocurriera con Trump, los profesionales y las minorías desempeñarán un papel clave en la contienda de Moore.

El estilo de Trump y las denuncias de acoso sexual espantaron a muchas mujeres y a gente con educación universitaria. Pero al mismo tiempo, Clinton no pudo captar el voto de los negros y los hispanos y eso ayudó a que Trump la derrotase por un escaso margen.

La campaña de Jones ha dedicado grandes esfuerzos a captar el voto de los negros y de los republicanos con títulos universitarios en Alabama. De su participación dependerá su suerte.

Moore era un juez de circuito poco conocido cuando su decisión de decorar su juzgado con una placa de madera de los Diez Mandamientos hecha a mano le dio proyección política.

La Unión de Libertades Civiles lo demandó sin éxito y cimentó su prestigio en ciertos sectores. En el 2000 fue elegido presidente de la Corte Suprema del estado. Afirmando que tenía derecho a “agradecerle a Dios”, instaló un enorme monumento de los Diez Mandamientos en el edificio de los tribunales. Una comisión disciplinaria lo destituyó por negarse a acatar una orden judicial federal de que retirase el monumento.

Luego de fallidas candidaturas a gobernador, fue reelegido presidente de la Corte Suprema en el 2012 y pronto libró una nueva batalla en torno al matrimonio entre personas de un mismo sexo. Fue expulsado de por vida en el 2015 por exhortar a los jueces a que se negasen a casar a personas del mismo sexo.

Moore tiene firme apoyo entre cristianos evangélicos y una relación delicada con el ala republicana moderada. Igual que Trump.

“Donald Trump hizo una de las cosas más impresionantes que se podían hacer: Enfrentó tanto a republicanos como a demócratas para ser presidente de los Estados Unidos”, declaró Moore en un acto en Fairhope, Alabama, esta semana.

“Recuerdo que cuando fue elegido, sentí que me habían sacado un gran peso de enciima. Que teníamos esperanzas”, señaló.

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Chandler informó desde Montgomery, Alabama.