Las protestas en Ucrania, centradas en la corrupción endémica, están canalizando un profundo descontento en un país propenso a la inestabilidad.

Manifestantes contrarios al gobierno han levantado docenas de tiendas ante el Parlamento en Kiev, una asistencia mucho menor que durante las protestas masivas de 2014 y la Revolución Naranja de 2004 que forzó una repetición de unas fraudulentas elecciones presidenciales.

Pero las nuevas marchas están lideradas por el expresidente de Georgia Mikheil Saakashvili, un hombre lleno de energía y confianza en sí mismo y que ya derrocó un gobierno.

Su apoyo general en Ucrania parece bajo, con solo unos 3.000 asistentes a una marcha convocada durante el fin de semana. Sin embargo, tiene aliados influyentes como el periodista convertido en legislador Mustafa Naymen, que puso en marcha las protestas de 2013 y 2014 con sus llamadas en medios sociales para que la gente saliera a la calle.