Cientos de manifestantes se enfrentaron el martes con la policía en Kiev y pidieron la salida del presidente de Ucrania después de que las autoridades fracasaran en su intento por arrestar a Mikheil Saakashvili, un exmandatario de Georgia que actualmente es líder de la oposición en Ucrania.

La agitación es tan solo el desafío más reciente para el gobierno ucraniano, que se ha visto debilitado por meses de disputas internas y acusaciones de que no hace nada para frenar la corrupción.

El enfrentamiento del martes comenzó cuando las autoridades del Servicio de Seguridad de Ucrania, SBU, fueron a la casa de Saakashvili en Kiev para detenerlo. En su intento por resistirse al arresto, subió a la azotea y amenazó con lanzarse, pero los agentes del SBU lo hicieron bajar y lo introdujeron en una vagoneta.

Posteriormente, varios cientos de manifestantes rodearon el vehículo e impidieron que avanzara. Se enfrentaron a la policía, que no pudo dispersar a la multitud con gases lacrimógenos.

Tras horas de un intenso impase, los simpatizantes liberaron a Saakashvili y lo escoltaron durante una marcha hacia el Parlamento, donde exigieron la renuncia del presidente Petro Poroshenko.

“¡Moriré por Ucrania!”, gritó Saakashvili a la multitud. “¡Les debo mi libertad y mi vida!”.

Con la bandera ucraniana alrededor del cuello, Saakashvili exhortó a los ucranianos a levantarse en contra de “Poroshenko y su pandilla”.

“¡No tengan miedo, que ellos nos teman a nosotros!”, gritó.

Saakashvili ha ganado una amplia popularidad en Ucrania con su dura campaña en contra de la corrupción en el gobierno, aprovechando una ola de frustración pública por el fracaso de Poroshenko para eliminar la arraigada práctica de los sobornos. Ha organizado una serie de manifestaciones para exigir la renuncia del presidente, pero hasta el momento no han generado ningún impacto visible.

El procurador general de Ucrania, Yuri Lutsenko, afirmó en televisión que su agencia tiene evidencia de que un representante de Saakashvili recibió 500.000 dólares de manos de un empresario ucraniano vinculado a Rusia para financiar las protestas.

Saakashvili rechazó la acusación y destacó las añejas hostilidades entre él y el presidente ruso Vladimir Putin. Cuando fue mandatario de Georgia, Saakashvili falló en su intento por retomar el control de la provincia separatista de Osetia del Sur, lo que provocó una guerra de cinco días con Rusia en 2008. En repetidas ocasiones ha hecho mención a los reportes de que Putin amenazó con colgarlo.