Viven en Europa, su corazón sigue en Uruguay y la selección

Llegaron temprano a la concentración en Nizhny Novgorod, luciendo todos la casaca celeste de Uruguay, y esperaron horas el paso fugaz de algún jugador, tal vez un autógrafo o poder presenciar aunque...

Llegaron temprano a la concentración en Nizhny Novgorod, luciendo todos la casaca celeste de Uruguay, y esperaron horas el paso fugaz de algún jugador, tal vez un autógrafo o poder presenciar aunque sea de lejos el entrenamiento. El ritual habitual de tantos aficionados.

Pero no eran hinchas comunes. El pequeño grupo que esperaba frente a la concentración de Uruguay estaba integrado por uruguayos que viven en Europa y querían sentirse un poco más cerca de sus raíces. O la de sus padres, ya que uno de ellos ni siquiera nació en Uruguay.

La Copa Mundial, después de todo, despierta pasiones no solo entre los habitantes de una nación sino también entre sus emigrantes, gente que tal vez tenga una perspectiva distinta del mundo, pero que no se olvida de su tierra.

El grupo incluía a la pareja de uno de los uruguayos, una salvadoreña “con corazón uruguayo”, según dice ella misma.

Sebastián Scotti, de 37 años, es un ingeniero de sistemas casado con una colombiana y tiene una empresa de software en Barcelona. Decidió vivir la experiencia del Mundial junto a un viejo amigo, Ignacio Dufort, de 40 años, analista de una aseguradora sueca que reside en Estocolmo. Dufort vino acompañado por su novia Claudia Mena, salvadoreña de 35 años.

En la entrada de la concentración se encontraron el domingo con Camilo Barros, un sueco de 37 años, gerente de restaurantes e hijo de uruguayos. Curiosamente, también vive en Estocolmo, pero no conocía a Dufort. Su corazón está repartido entre Uruguay y Suecia, que el lunes debutaba ante Corea del Sur en Nizhny. Pero sobre su pecho tenía la casaca celeste el domingo.

Después de unas pocas horas, Barros y los demás parecían amigos del alma. “De ahora en adelante seguimos a Uruguay juntos”, dijo Barros.

Scotti, Dufort y Mena viajaron en barco de Estocolmo a Riga, en Estonia. De Riga a Moscú en autobús. De Moscú fueron en avión a Ekaterimburgo, donde vieron el debut de Uruguay ante Egipto, y de Ekaterimburgo viajaron a Nizhny en tren.

“Fueron 17 horas. Para nada. Las cosas no funcionaron. Queríamos al menos una foto” con algún jugador, dijo Scotti. El plantel, no obstante, ya estaba adentro y no asomó en ningún momento.

Pero no se arrepienten porque dicen que están viviendo grandes experiencias, como la victoria 1-0 del partido inaugural ante Egipto, que cortó una racha de seis debuts en el Mundial sin saborear un triunfo.

“Había muy pocos uruguayos”, cuenta Scotti. “Estaba lleno de egipcios y nosotros en el medio de ellos. Pero la pasamos rebien. Los egipcios festejaban sanamente”. Hasta que llegó el gol uruguayo en el minuto final “y los que festejamos fuimos nosotros”.

En el barco de Estocolmo a Riga se encontraron con numerosos peruanos y escucharon “muchas historias sacrificadas, incluida la de una mujer que estaba sola con su hijo” siguiendo a la selección, según señaló Dufort.

Aclararon que para ellos, si bien no les sobra el dinero, el periplo por Rusia “no es un gran sacrificio económico” y que visitan con cierta frecuencia Uruguay.

“Siento una gran comunión con esta selección”, manifestó Dufort. “El técnico (Oscar Washington) Tabárez lleva adelante un proceso muy serio desde hace 12 años que es un gran ejemplo para el país”.

Rusia fue una revelación para todos.

“Es lindísima. Uno tiene la idea de que son todos fríos. Pero no. Todo el mundo es muy gentil y se quieren sacar fotos con nosotros”, dijo Dufort. “Conocimos a un ruso en un bar que estaba encantado con nosotros y nos invitaba tragos todo el tiempo”.

“Una de las cosas lindas de todo esto es la gente que conocés, las amistades que forjás”, expresó Scotti. “Estoy seguro de que vamos a seguir en contacto con Camilo. También conocimos en Ekaterimburgo a unos montevideanos, muy linda gente”, con la que pensaban volver a verse, incluido un “Gastón” del que hablan como si fuese un viejo amigo y con el que piensan reencontrarse.

“Llegamos a Ekaterimburgo a la medianoche sin nada. Sin un rublo, sin poder comunicarnos, no encontrábamos el alojamiento que habíamos reservado, pero conocimos a una mujer rusa maravillosa que nos ayudó en todo”, contó Scotti. “Nos ayudó a encontrar la vivienda y a instalarnos, e incluso con un trámite que había que hacer al día siguiente, en el que el propietario de la vivienda donde te alojas debe registrarte. Duró como cuatro horas y ella estuvo siempre allí”.

“Un ángel”, dijo Mena, quien se siente uruguaya tras una relación de años con Dufort, aunque dice que su cariño por Uruguay venía de antes.

“Me enamoré de Luis Suárez y de Uruguay en el 2010, por la mano de Suárez que evitó la caída de su arco” ante Ghana en los cuartos de final, en un partido que Uruguay terminó ganando por penales, dijo la salvadoreña.

Suárez fue muy criticado por lo que muchos consideraron un gesto antideportivo.

“Para mí fue un gesto de amor”, expresó “la uruguaya” Mena.