A los 71 años, el técnico de Uruguay Oscar Washington Tabárez no pierde la capacidad de soñar.

“Hoy lo único que se terminó es un sueño. Después vendrán partidos de preparación, la Copa América, otras eliminatorias. Otros sueños”, declaró Tabárez tras la derrota 2-0 ante Francia que dejó a los “celestes” afuera de la Copa del Mundo en los cuartos de final.

“Que crezcan nuevos sueños siempre”, como dice la canción, dijo Tabárez. “De eso se trata. No se termina nada”.

El estratega no quiso responder la pregunta que todo el mundo le quería hacer: ¿seguirá al frente del equipo?

Sostuvo que con esta derrota venció su contrato y que su continuidad es algo que está en manos de los dirigentes. A él, señaló, nunca le gustó “hacer lobby”.

Fiel a sus principios, Tabárez pidió no dramatizar y valorar la participación de Uruguay en el Mundial “en su justa medida”.

Tomar en cuenta “donde estuvimos, de lo que participamos. Hoy perdimos y perece que los cuatro partidos consecutivos que ganamos ya no sirven. El solo hecho de participar ya es importante. No es fácil”, valoró.

Se quede o se vaya, este exjugador y exmaestro de primaria ya tiene un legado difícil de repetir tras haber sorteado como mínimo la fase de grupos en los cuatro mundiales en los que participó con Uruguay. En uno llevó al equipo a las semifinales y en otro a los cuartos de final. Es venerado por los jugadores y por el país entero. Los expertos se preguntan si pueden trasladar su modelo de conducción a otras esferas. Su programa de trabajo es admirado en todos los rincones del planeta.

Su aspecto frágil, producto de un trastorno neurológico que reduce su capacidad de movilizarse y hace que use un bastón o incluso una silla de ruedas, genera a veces conjeturas de que no seguirá.

Tabárez, no obstante, asegura que sus problemas de salud no le impiden funcionar a plenitud.

"No convivo con ningún tipo de dolor. La neuropatía me causa problemas motrices, sobre todo en la marcha. Como es una enfermedad crónica, a veces estoy un poquito mejor y a veces hay ciertas situaciones", dijo el técnico a medios de prensa en una oportunidad.

Una imagen en la que se lo ve tirando la muleta para festejar el primer gol anotado por Uruguay en el torneo, ante Egipto, es uno de los momentos más emotivos en lo que va del Mundial.

En el 2006, Tabárez puso en marcha un proyecto que recogía todas sus experiencias. Además de dirigir a Uruguay sacó campeón a Peñarol y Boca Juniors, condujo a clubes como Cagliari y Milan, y fue funcionario de la FIFA. Su programa se fijó lo que él describe como metas realistas para un país pequeño como el suyo, con una infraestructura futbolística modesta.

“En algunos momentos el mundo reconoció ciertas cosas, porque sabe lo que somos como país, sobre todo en el aspecto demográfico. Algunas cosas nos cuestan más que en otros lugares, como Francia, Alemania, Inglaterra”, manifestó Tabárez el viernes, aludiendo al hecho de que Uruguay tiene una gran tradición futbolística pero solo 3,5 millones de habitantes.

La falta de infraestructura la compensó con organización y entrega. Los pilares de su trabajo fueron el respeto, la franqueza, la humildad y el sentido de equipo. Inculcó esos valores a todos los niveles, desde las categorías juveniles, y hoy los jugadores de Uruguay parecen todos sacados del mismo molde. Y Uruguay, que supo ser sinónimo de juego sucio, es la selección más limpia del torneo.

“Aquí nadie se cree mejor que el otro. Eso crea un buen grupo”, expresó el delantero Luis Suárez. “La tranquilidad que da el Maestro ayuda”.

Uruguay fue dos veces campeón mundial, en 1930 y 1950, pero a partir de allí fue perdiendo brillo en el firmamento futbolístico.

“Tenemos que buscar en este mundo que ha cambiado tanto respecto a cuando éramos los mejores, hay que tratar de competir. Le fuimos buscando la manera. Me llevó mucho tiempo pensar esto. Estuve en Europa, vi cómo era esto. Estuve en la selección en otra épocas”, expresó Tabárez el jueves, aludiendo al Mundial de 1990.

Y destacó la importancia de trabajar con los jugadores a una edad más temprana.

“Es esencial y ojalá que cuando ya no estemos no se pierda esa vinculación entre juveniles y selección mayor. En juveniles hay algunos que van a llegar a la selección mayor y tienen un camino adelantado por ese trabajo, ya saben de qué se trata”, comentó. “Reina un ambiente de respeto. Cualquiera se puede molestar porque no juega, pero no puede decir otra cosa y no puede hacer otra cosa que tratar de entrenar cada vez más y demostrar” que merece estar.

Uno de sus grandes méritos, es haber sabido manejarse con las limitaciones de un país como Uruguay.

“La selección no es una isla”, declaró. “Se podrían hacer muchas cosas más de las que se hacen desde el punto de vista teórico si no tuviéramos determinados condicionantes demográficos y económicos, pero le tengo que decir que no estamos en condiciones de hacerlo”.

Tabárez pide que no midan su trabajo por los resultados sino por el esfuerzo.

Los triunfos, señaló, son producto de "la convicción, la cohesión grupal, de saber para qué jugamos”.

“Nunca favoritos, siempre desde atrás”, expresó el “Maestro” el jueves, recordando esa frase de una popular “murga”.