Los pesos pesados del fútbol internacional parecen despedirse a diario de este Mundial, dándoles motivos para soñar a selecciones como Suecia.

Lionel Messi y Argentina, junto con Cristiano Ronaldo y Portugal — el actual campeón europeo — fueron eliminados el sábado. Un día después se despidió España, que llegó al torneo como uno de los favoritos, al perder con Rusia. Alemania, campeón vigente, no pasó de la fase de grupos.

“Algunos de los resultados son simplemente fascinantes”, dijo el técnico sueco Janne Andersson el lunes, un día antes de que su equipo se mida a Suiza en el penúltimo partido de los octavos de final, “y realmente demuestra que los países más grandes y poderosos no siempre ganan.

“Eso, para mí, es una fuente de inspiración”, añadió.

El cuadro garantiza que Suecia, Suiza, Croacia, Rusia, Inglaterra o Colombia estarán en la final en Moscú en menos de dos semanas. Solo uno de esos equipos — Inglaterra en 1966 — tiene un título en la máxima cita del fútbol mundial.

Esa es una oportunidad que Andersson jamás se habría imaginado cuando asumió las riendas de Suecia después de quedar eliminado en la fase de grupos de la Euro 2016, y poco después se quedó sin su máxima figura, Zlatan Ibrahimovic.

Suecia “tuvo que rehacerse de cero”, dijo Andersson, y eso significó construir un equipo sin enfocarse en un solo jugador. En su lugar, instaló una ética de trabajo y el esfuerzo colectivo que ha convertido al equipo sueco en un rival complicado.

Después de eliminar a Italia en un repechaje a dos partidos para clasificarse al Mundial, Suecia finalizó en la cima de un sector que incluía a Alemania, México y Corea del Sur, y está a dos triunfos de emular al conjunto de 1994 que llegó a las semifinales del Mundial.