Cuando la temporada ingresa a diciembre, los números de los Steelers de Pittsburgh son espectaculares.

Segundos en capturas.

Terceros en contra del pase.

Cuartos en yardas permitidas.

Cuartos en puntos permitidos.

Quintos en intercepciones.

Son el tipo de números que respaldan las declaraciones del coach Mike Tomlin en julio, cuando dijo durante el campo de entrenamiento que sentía que contaba con las piezas para que su defensiva fuera “dominante”.

Sin embargo, hay otra cifra que entorpece todo: nueve. Es el número de jugadas por pase de al menos 40 yardas que los líderes del Norte de la AFC han concedido esta temporada, cinco de ellas en las últimas tres semanas.

Solo hay cuatro equipos que han permitido más. Y solo uno de ellos — Kansas City — tiene marca ganadora.

“Desearía poder tapar esas fugas si pudiera”, dijo el coordinador defensivo Keith Butler. “Obviamente no es lo que queremos, conceder las jugadas grandes y esas cosas. No podemos darnos esos lujos. No vamos a obtener un campeonato haciendo eso”.

Y es un título del Super Bowl — y solo un título del Super Bowl — el parámetro con el que los Steelers (9-2) juzguen su temporada. Controlar el juego durante largos periodos está bien.

Aun así, todas las capturas e intercepciones que celebran con una selfie grupal no tendrán importancia si están intercaladas con la escapada ocasional a la zona de anotación, viendo desde atrás el número del rival.

“Nos estamos acercando cada vez más”, dijo el linebacker externo Bud Dupree. “En este momento solo queremos juntar todas las piezas porque está a punto de llegar la hora. Los próximos dos meses son los meses más importantes del año”.

Con Cincinnati (5-6) y su estelar receptor A.J. Green agendados para el próximo lunes y Tom Brady y Nueva Inglaterra el 17 de diciembre, este sería el momento para que Pittsburgh enmiende las cosas.