Desde las décadas de 1950 y 60, en plena Guerra Fría, Egipto y Rusia no habían estado tan cerca en lo político. ¿Puede dañarse esa relación por causa de un partido clave para ambas naciones en el Mundial?

Probablemente no, pero como suele ocurrir con el fútbol, el partido del martes podría poner a prueba estos nuevos e inusitados lazos. Para empezar, se juega mucho en la cancha de San Petersburgo, de donde eran originarias muchas de las 224 víctimas de la caída de un avión ruso sobre Egipto en 2015.

Egipto necesita un empate o una victoria para mantener vivas sus esperanzas de avanzar a los octavos de final, tras perder por 1-0 su primer encuentro en esta Copa del Mundo, el viernes ante Uruguay. Un nuevo revés dejaría a los egipcios apenas con posibilidades matemáticas de sobrevivir a la fase de grupos.

Los rusos están en una mejor situación. Trituraron 5-0 el jueves a Arabia Saudí en el partido inaugural y buscarán elevar al doble su cosecha de tres puntos ante Egipto. Con ello, asegurarían prácticamente la clasificación, antes de medirse al Uruguay de Luis Suárez y Edinson Cavani el 25 de junio.

Rusia, la selección peor ubicada en el ranking de la FIFA entre las 32 que disputan el Mundial, llega con buena motivación por estar en su casa. Trata de demostrar que su goleada sobre los saudíes no fue una casualidad.

Por su parte, los egipcios no quieren hilar dos derrotas consecutivas, en lo que representa su primer Mundial en 28 años.

Los usuarios de redes sociales y los conductores de la TV en Egipto suelen ostentar un extraño talento para dañar las relaciones con otros países, incluidos aliados cercanos y benefactores económicos.

La propia Rusia estuvo a punto de verse involucrada en un caso similar cuando los funcionarios rusos, impacientes por ver de regreso a los turistas rusos, se mostraron extrañados por el hecho de que no se hubiera levantado una prohibición de vuelos impuesta tras la caída del avión en 2015. Moscú retiró la veda en abril e informó que haría lo propio este año con los vuelos a Sharm el-Sheikh, la ciudad balneario frente al Mar Rojo desde la que despegó el trágico vuelo.

Así que cualquier conducta de los rusos que los egipcios perciban como antideportiva podría salirse de proporciones. El mes pasado, los egipcios se mostraron furiosos hacia Sergio Ramos, el zaguero del Real Madrid, contra quien lanzaron amenazas a raíz de la jugada en que se lesionó Mohamed Salah, el delantero del Liverpool, en la final de la Liga de Campeones.

La dolencia en el hombro de Salah lo marginó al banquillo en el duelo ante Uruguay. Muchos esperan que juegue de inicio ante Rusia.

Ni el presidente egipcio Abdel Fattah el-Sissi, ni su par ruso Vladimir Putin estará en el estadio durante el partido. Putin tiene previsto visitar Minsk, Bielorrusia, de acuerdo con su portavoz Dimitry Peskov. El gobierno de El-Sissi levantó recién los subsidios estatales a los combustibles, el agua potable y la electricidad, lo que ha desatado protestas.

Putin y El-Sissi han tenido un acercamiento desde que el general egipcio asumió como presidente en 2014. El Cairo realizó compras multimillonarias de armas a Rusia, eligió a una empresa de ese país para construir la primera plantea nucleoeléctrica de Egipto.

Moscú ha manifestado su deseo de expandir su influencia en Oriente Medio.

El-Sissi y Putin comparten antecedentes de inteligencia y muestran prácticamente una actitud de desdén hacia la democracia al estilo occidental.

Ambos concentran bastante poder real en sus manos. La seguridad figura en una parte alta de la agenda de los dos líderes que no muestran mucha tolerancia con los disidentes.

Los vínculos de Egipto y Rusia se remontan a las décadas de los 50 y 60, cuando El Cairo fue un aliado cercano de Moscú. Un acuerdo de 1955 para comprar armas soviéticas a través de Checoslovaquia llevó a Egipto al bando soviético, pese a los esfuerzos para permanecer entre los no alineados.

Más tarde, Rusia accedió a construir una gran represa hidroeléctrica en el Nilo, a raíz de que el Banco Mundial, supuestamente presionado por Washington, se negó a financiar el proyecto.

Egipto cambió de bando en la década de 1970, bajo el entonces presidente Anuar Sadat, quien reemplazó a Moscú por Washington como su principal aliado económico y militar, tras la firma de un tratado de paz auspiciado por Washington con Israel en 1979

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Los periodistas de la AP, Sophico Megrelidze en Tiflis, Georgia, y Vladimir Isachenkov, en Moscú, contribuyeron con este despacho.