Algunos compartieron historias novelescas, que inspiran o hacen llorar. Muchos persiguieron sus sueños sin importar la adversidad. Y todos han aportado esfuerzo y colorido en la lejana Pyeongchang.

Pero otra vez, la participación de los deportistas latinoamericanos en unos Juegos Olímpicos de Invierno no ha pasado de lo anecdótico. Difícilmente se puede esperar algo más, por motivos que comienzan con lo climático y terminan con lo económico.

“Nosotros, al no tener nieve, al no tener la experiencia que tienen estos países, para nosotros la medalla es obtener el criterio de calificación. Ir por una meta tan inalcanzable, creo que es lo que representa el auténtico espíritu del olimpismo”, dijo el mexicano Germán Madrazo, quien ocupó el último puesto entre los 116 participantes que llegaron a la meta en la prueba de 15 kilómetros del esquí de fondo.

No hay nieve, ni medallas. Y la gesta latinoamericana que más cerca se ha quedado de un podio olímpico invernal ocurrió hace la friolera de 90 años, recordó el secretario general de la Asociación Argentina de Bobleigh, Skeleton y Luge, Christian Atance.

“En 1928, unos intrépidos y acomodados argentinos que solían vacacionar en Suiza se vieron atraídos por el bobsled, una especialidad de trineos nacida en Los Alpes. Sin mayor experiencia previa, decidieron probar suerte en los II Juegos Olímpicos de Invierno en Saint Moritz, Suiza. Contra todos los pronósticos, el trineo Argentina I logró finalizar cuarto, a tan sólo 7 décimas de la medalla de bronce”, destaca un texto compartido por Atance con The Associated Press.

Chile y Argentina tienen colinas nevadas y pistas de esquí. Pero haciendo una analogía con el fútbol que fascina a la región: una cosa es tener canchas y otra muy distinta es contar con tradición, entrenadores y programas de excelencia.

“Incluso en Chile, tendremos mucha cordillera de los Andes, pero no se compara con Francia por ejemplo. Allá es de lo más normal que en la escuela te lleven a practicar deportes de nieve”, consideró la esquiadora acrobática de ese país, Stephanie Joffroy. “Y además allá hay programas que te apoyan económicamente. Si quieres hacer esquí en Chile tú pagas el costo, que es altísimo”.

¿Y en otros países? Bueno, Ecuador contó esta vez, por primera en la historia, con un deportista en los Olímpicos de Invierno. Para este logro, Klaus Jungbluth tuvo que hacer todo lo imaginable, desde esquiar sobre ruedas en el asfalto caliente de Guayaquil hasta fundar una federación de deportes invernales, que no existía.

“Ojalá que esto deje un legado, y que otros ecuatorianos quieran esquiar”, comentó Jungbluth.

Madrazo, de 43 años, fue el único de los cuatro representantes de México que nació y se crio en ese país. La delegación mexicana se completó con Sarah Schleper y Robert Franco, originarios de Estados Unidos, así como con Rodolfo Dickson, nacido en territorio mexicano pero adoptado desde pequeño por una pareja de Canadá.

“Tienen el mismo derecho que cualquier otro mexicano”, enfatizó Carlos Pruneda, el jefe de la delegación de México en Pyeongchang.

Schleper y Franco tienen marido y padre mexicano, respectivamente.

“Son mexicanos, hicieron lo que la Constitución les dice que podían hacer”, enfatizó Pruneda en declaraciones a la AP. “Hay que darles oportunidad. Y todos los países lo hacen, absolutamente todos”.

Es cierto, diversos países tienen que ponerse creativos tan sólo para encontrar algún ciudadano que haya practicado un deporte invernal en forma competitiva.

Entre los participantes por Argentina figuraron Verónica Ravenna, quien hizo su carrera deportiva en Canadá, y los hermanos Nicol y Sebastiano Gastaldi, nacidos en Italia. Bolivia volvió a unos Juegos Olímpicos de Invierno tras una ausencia de 26 años, gracias a Simón Breitfuss, de origen austriaco, y a Timo Gronlund, nacido en Finlandia.

Colombia tuvo entre sus representantes a Michael Poettoz, adoptado por franceses y quien está aprendiendo español. Puerto Rico recurrió a Charles Flaherty, estadounidense residente en la isla, para romper otra larga ausencia en las citas olímpica _desde Nagano 1998.

Esta fórmula da al menos oportunidades de participación pero no necesariamente de preseas. Y los que nacieron y crecieron en países latinoamericanos tienen que competir fuera o reinventarse.

“A nosotros nos toca irnos del país a entrenar, a nosotros nos toca buscar un patrocinio muy grande, para nosotros es muy costoso vivir afuera, nos toca sacar papeles en otro país para vivir tranquilos... son muchos factores alrededor que de pronto pueden complicar un poco las cosas”, manifestó Pedro Causil, quien al igual que su compatriota colombiana Laura Gómez se mudó del patinaje sobre ruedas al de hielo en busca de llegar a los Olímpicos de Invierno.

Ése fue otro de los experimentos curiosos de los deportistas latinoamericanos, que puso a Colombia por primera vez en una prueba olímpica invernal sobre hielo. Pero tampoco aquí pareció cercana la medalla.

“Tampoco podemos esperar que en dos años salga un campeón olímpico, pues tendría que ser algo muy fuera de lo normal. Pero sí se puede hacer, claro... Y no podemos estar esperando que en nuestros países haya infraestructura para patinar en hielo... sale más fácil mandar 10 patinadores a otro país que construir una pista allá en Colombia”, dijo Causil.

Casi todos coinciden en que, para que surja el primer medallista olímpico invernal latinoamericano, deben confluir muchos factores: la llegada de alguien con talento, que por alguna circunstancia pueda practicar su deporte desde muy temprana edad y que se decida a representar en su mejor momento a una de las naciones de la región.

“Si vives en México no hay manera de que puedas crecer en este tipo deporte”, sentenció Pruneda. “Ganar medallas en un deporte que no está en nuestra tradición es muy difícil. No estoy diciendo que nunca lo logremos. A lo mejor en un futuro, con un buen trabajo, con una buena planificación”.

O con mucha suerte, con un caso de ésos que se presentan extrañamente en el deporte. Un momento de inspiración, un deportista que sale en su día, un milagro.

“Como lo que pasó con (Ester) Ledecka, loquísimo”, dijo la esquiadora chilena Noelle Barahona, en referencia a su colega checa, quien ganó el eslalon supergigante, una prueba en que nadie esperaba nada de ella, pues su especialidad es el snowboarding, donde también consiguió un oro. “Entrené mucho con ella. Obviamente es bastante mejor que yo, pero es como si hubiera ganado yo. A mí me fascina que la gente que uno no espera gane. Y sí, un día podría pasarle a una”

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Luis Ruiz está en Twitter como https://twitter.com/LuisRuizAP