Ante la perspectiva de sufrir una segura derrota, la primera ministra británica Theresa May aplazó el lunes la votación en el Parlamento sobre el Brexit, y dijo que se reunirá de nuevo con los líderes de la Unión Europea para solicitar cambios al acuerdo de separación.

La maniobra de May generó un desorden en los planes del Brexit, intensificó una crisis política interna y le propinó un duro golpe a la libra. Dado que las autoridades europeas se han mostrado firmes en que el acuerdo de retiro no está sujeto a renegociación, Gran Bretaña no sabe bajo qué términos se irá ni si May seguirá siendo primera ministra cuando lo haga.

En una declaración de emergencia ante la Cámara de los Comunes, May aceptó que el acuerdo de separación que alcanzó el mes pasado con los líderes de la UE probablemente sería rechazado “por un margen significativo” si la votación se efectuaba el martes como estaba previsto.

May dijo que aplazaría la votación de forma que pudiera intentar obtener “garantías” de la UE y luego traería el acuerdo de vuelta al Parlamento. No estableció una nueva fecha para la votación. La salida definitiva de Gran Bretaña de la UE está programada para el 29 de marzo.

Los legisladores de oposición _y algunos del Partido Conservador de May_ se mostraron incrédulos y enojados. Algunos la acusaron de pisotear la democracia parlamentaria.

“El gobierno ha perdido el control de los acontecimientos y ha caído en el desorden total”, dijo Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista.

Corbyn exigió, y se le concedió, un debate de emergencia el martes en torno al aplazamiento.

Por su parte, el legislador laborista Lloyd Russell-Moyle fue expulsado del Parlamento por el resto del día después de que agarró el mazo ceremonial de la Cámara de los Comunes en señal de protesta.

El bastón dorado de siglos de antigüedad es el símbolo de la autoridad real. Sin él, los comunes no se pueden sesionar ni aprobar leyes.

Jacob Rees-Mogg, un legislador conservador partidario del Brexit, expresó su desesperación ante el lamentable estado del acuerdo de salida de la UE.

“Realmente no está gobernando”, afirmó. “Simplemente es un embrollo horrible”.

La agitación del lunes provocó que la libra cayera a su nivel más bajo en 20 meses frente al dólar, cotizándose en 1,2550 dólares.

Fue un nuevo golpe para May, que se convirtió en primera ministra después del referendo de 2016 en el que Gran Bretaña decidió salirse de la UE. Desde entonces ha bregado con el Brexit, primero para alcanzar un acuerdo con el bloque y después para convencer a los parlamentarios escépticos a que lo aprueben.

May insistió en que el trato alcanzado con la UE tras año y medio de negociaciones era “el mejor acuerdo que fue posible negociar”. Pero legisladores de todas las corrientes del debate en Gran Bretaña sobre la pertenencia al bloque se han mofado de él.

Estallaron carcajadas burlonas en la Cámara de los Comunes cuando May afirmó que había “amplio respaldo” para muchos aspectos del acuerdo.

Los inversores temen que el impasse político sobre la salida acreciente la probabilidad de un Brexit sin acuerdo. Ese sería el peor de los casos, según el Banco de Inglaterra, ya que provocaría la peor recesión en un siglo y una nueva caída de la moneda.

Por otra parte, el máximo tribunal de la Unión Europea falló el lunes que Gran Bretaña puede cambiar de parecer sobre el Brexit, dando esperanzas a quienes desean que el país se quede en el bloque.

Gran Bretaña votó en el 2016 para dejar el bloque de 28 naciones e invocó el Artículo 50 del Tratado de Lisboa en marzo de 2017, desatando con ello el proceso de salida.