Conseguir el peluche de la mascota oficial de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 se ha vuelto un desafío tanto o más complicado que ganar una medalla.

“Pandi”, un yaguareté o jaguar del norte de Argentina, ha quedado envuelto en un confuso episodio que involucra a la organización del evento deportivo en Buenos Aires, al fisco y la empresa que importó los peluches de China.

A diferencia de lo que sucede en las justas olímpicas, la mascota no está a la venta para el público que concurre a las sedes de las distintas disciplinas.

Ello se debe a que la Agencia Federal de Ingresos Públicos (AFIP) retuvo en la aduana unos 5.000 muñecos de peluche porque la empresa importadora no cumplió con los requisitos al declarar la carga.

El gobierno de la ciudad de Buenos Aires licitó a mediados de este año los derechos para la venta de artículos de mercadotecnia de los juegos, entre ellos “Pandi”. Hubo un único ofertante que figura como responsable una sociedad llamada “Quiero ver la guita” (dinero).

De acuerdo con el fisco, la importadora no declaró los peluches como juguete, lo cual le permitía eludir el pago de un gravamen especial.

Los organizadores de los Juegos declinaron comentar sobre el caso, como lo había solicitado The Associated Press, aunque aclararon que se gestionó con el fisco liberar parte de la mercadería retenida en el puerto para la entrega exclusiva de “Pandi” a los atletas.

Los juegos olímpicos de la juventud superaron las expectativas en concurrencia de público. En cada una de las sedes son frecuentes largas filas de espectadores desde horas antes del inicio de cada competencia.

“Quiero ver la guita” se perdió un gran negocio.