Japón se quedó más cerca que nunca de avanzar a los cuartos de final de la Copa del Mundo. Pero la forma en que se vio privado de un logro que se le ha negado siempre fue por demás dolorosa.

El técnico Akira Nishino no matizó sus palabras para describir la sensación.

“Estoy destrozado”, expresó.

Japón llegó el lunes al encuentro de octavos de final ante Bélgica en Rostov del Don como aparente víctima. Pero contra todo pronóstico tomó la ventaja en los albores del segundo tiempo, con un par de estupendos goles.

Bélgica tuvo que hacer su máximo esfuerzo para conseguir una remontada memorable. Anotó su primer gol cuando restaban 21 minutos y el tercero en los descuentos. Se impuso por 3-2 y selló su pasaje para la ronda de las ocho mejores selecciones del Mundial.

Los japoneses sólo se colaron a la fase de eliminación directa por haber tenido menos tarjetas amarillas que Senegal, equipo con el que terminó igualado en puntos, diferencia de goles, tantos anotados y marcador entre ambos durante la fase de grupos.

Fue el tercer fracaso de Japón en un intento por llegar a los cuartos de final de la Copa del Mundo. Y tal vez el más decepcionante. Al caer el gol del triunfo y tras el silbatazo final que llegó un instante después, los japoneses se arrodillaron o quedaron tendidos sobre el terreno. Casi todos lloraron.

Quedaron tan conmocionados por la derrota que permanecieron de pie y sin hacer nada en el vestuario.

“Tuve que decirles que se ducharan”, relató Nishino. “Comenzamos muy bien pero, al final, justo al final, no esperas recibir un gol así. Estábamos ganando, íbamos a ganar, pero yo no esperaba que nos remontaran así el resultado. Era el Mundial y nos enfrentamos con las variantes y fortaleza de Bélgica. Así es como me sentí al final del partido”.

Nishino debió haberse sorprendido por el resultado de su equipo antes de que Bélgica comenzara su reacción. Él mismo había dudado de que hubiera forma de que Japón, 61er puesto del ranking de la FIFA, pudiera atacar a Bélgica, que es tercera.

“A final, yo me cuestionaba a mí mismo si tuve el control del partido. Estábamos 2-0 arriba y le dieron la vuelta al marcador. No fueron los jugadores, quizás fui yo quien perdió el control del partido. Cuando recibimos el último gol, me culpé y cuestioné mi táctica”.