Las cifras resultan impactantes. Más de 182.000 yardas por aire (equivalentes a más de 165 kilómetros), cerca de 1.300 touchdowns y siete campeonatos, con un octavo garantizado sin importar el equipo que celebre bajo la lluvia de confeti en Houston el mes próximo.

Pero las cifras que podrían definir a Tom Brady, Ben Roethlisberger, Aaron Rodgers y Matt Ryan tanto como cualquiera otra de sus asombrosas estadísticas son 39, 34, 33 y 31 —las edades de los quarterbacks en las finales de conferencia de la NFL esta temporada.

El domingo será apenas la tercera vez en la era del Super Bowl que los cuatro jugadores que den inicio a las series ofensivas estarán más cerca de sus 40 años que de su adolescencia. En un deporte en que el concepto de longevidad en su principal posición es voluble en el mejor de los casos, (ver a los Browns de Cleveland), resulta extraordinaria la durabilidad de los hombres de cuyos brazos dependen las esperanzas de un campeonato de sus respectivos equipos.

Ryan, de 31 años, se ha perdido sólo dos partidos en sus nueve temporadas; Rodgers, de 33, nueve desde que tomó el lugar de Brett Favre en 2008. Roethlisberger, de 34 años, está lanzando más —y recibe menos impactos— que hace una década. Brady, de 39 años, no ha sido descartado de un partido por lesión desde que Barack Obama era el presidente electo, no un exmandatario, y no da muestras de bajar su nivel pese a que se acerca el inicio de su quinta década de vida.

El buscar un común denominador para la longevidad de estos jugadores es difícil. Sin duda ayuda el ser extremadamente talentoso y el jugar en buenos equipos detrás de líneas ofensivas que van de lo aceptable (Green Bay) a quizá lo mejor de la liga (Pittsburgh).

Kyle Shanahan, coordinador ofensivo de los Falcons de Atlanta, cuenta con Robert Griffin III entre sus expupilos, y subraya que algo más entra en juego. Los cuatro son de alguna manera expertos en la bolsa de protección, en comparación con sus contemporáneos más jóvenes y de mayor movilidad.

De cierta forma, el ser "lentos" comparados con los Griffin y los Cam Newton del mundo podría de hecho ser algo bueno.

"Ninguno de ellos se abre paso a velocidad ni ganaron ningún Heisman con base en sus piernas y cosas así", declaró Shanahan. "Básicamente... han aprendido cómo mantenerse en esa bolsa de protección y cómo jugar la posición".

Y qué mejor prueba que Rodgers bailando en un mar de Giants de Nueva York antes de lanzar un pase para touchdown en la victoria de Green Bay en el duelo de comodines hace un par de semanas.

"Su deseo de correr es prácticamente inexistente", señaló el offensive lineman T.J. Lang, de los Packers. "Lo ve venir. Incluso cuando no lo ve físicamente, sabe que hay un receptor que se libra de su marca a la izquierda, que va a hacer un movimiento para quedar libre y realizar una gran jugada".

Pero también hay que resaltar la forma en que estos mariscales de campo han aprendido cómo recibir un golpe. En los anales de los playoffs perdurará el espectacular pase de Rodgers a Jared Cook, que preparó el escenario para el gol de campo del gane ante los Cowboys el domingo pasado. Pero ello ha eclipsado lo que sucedió dos jugadas antes, cuando Rodgers de alguna manera retuvo el balón pese a recibir un fuerte impacto en su lado ciego de parte del safety de los Cowboys Jeff Heath. Esa jugada se suma a la creciente lista de momentos clave de Rodgers.