De los campeones Novak Djokovic y Angelique Kerber a la subcampeona Serena Williams, esta edición de Wimbledon incluyó todo tipo de regresos.

Cuando el serbio ganó su cuarto título en el All England Club y su primero en un torneo Grand Slam en más de dos años al derrotar el domingo 6-2, 6-2, 7-6 (3) al sudafricano Kevin Anderson, fue la culminación de lo que él mismo llamó una “travesía” y un “proceso” en su regreso de una cirugía de codo derecho.

Kerber por su parte se alzó con el título en Wimbledon por primera vez con una contundente victoria de 6-3, 6-3 sobre Williams el sábado para coronar un regreso tras un duro 2017 en que perdió el primer lugar en el ranking y tuvo que lidiar con dos derrotas en la primera ronda en torneos major.

"Yo sigo seguro de que no hemos visto lo mejor de Angie”, afirmó el entrenador de Kerber, Wim Fissette.

Y si bien Williams no ganó el que habría sido su octavo trofeo de Wimbledon en sencillos, su actuación en el torneo que se juega en canchas de césped tan solo 10 meses y medio de un difícil parto y complicaciones que incluyeron coágulos fue, tal como lo dijo Kerber, “una enorme inspiración para todos, para todas nosotras, para todas las personas que la vieron”.

El descalabro de la estadounidense la dejó con 23 títulos de Grand Slam, la mayor cantidad en los 50 años de tenis profesional y a sólo uno del record de la australiana Margaret Court.

Williams tendrá otra oportunidad de igualar esa marca en el U.S. Open, que arranca el 27 de agosto en Nueva York.

Y eso no fue lo único que vimos en Wimbledon.

La victoria por 26-24 de Anderson en el quinto set sobre el estadounidense John Isner en una semifinal que duró más de seis horas y media ha sido el segundo partido más largo en un torneo de Grand Slam y reanudó el debate sobre las reglas: ¿Debería Wimbledon adoptar un desempate en el quinto set? Actualmente, el Abierto de Estados Unidos es el único major que decide los partidos de esa forma.

“Definitivamente debe cambiar”, opinó el entrenador del sudafricano, Brad Stine.

No cabe duda que la competencia entre mujeres pasa por un gran momento y hay mucha más pelea por un trofeo en los majors. El triunfo de Kerber puso fin a una racha en la que siete jugadoras se repartieron los siete títulos precios de Grand Slam, entre ellas las campeonas primerizas Simona Halep, Caroline Wozniacki, Sloane Stephens y Jelena Ostapenko. Por primera ocasión desde que Wimbledon empezó a preclasificar a los jugadores en la década de 1920, ninguna de las mejores en la siembra llegó a los cuartos de final. También es la primera vez que sucede en un torneo Grand Slam en la era de los Abiertos.

El tenis de hombres cuenta nuevamente con los tres grandes: Roger Federer, Rafael Nadal y Djokovic. Los primeros dos se habían combinado para llevarse seis torneos major consecutivos hasta que el serbio volvió a las canchas. Cada uno de ellos se ha ausentado en algún punto en años recientes, y sin embargo siguen dominando. Todos son buenos en cancha dura, si bien es la mejor superficie para Djokovic. Así es que los próximos dos meses deberían resultar entretenidos.

Con Djokovic, de 31, y Anderson, de 32, esta final de Wimbledon fue la primera en la era de los Abiertos en que un par de hombres mayores de 30 años pelean por el título. Si se suma a Nadal, de 32, e Isner, de 33, fue la primera vez que cuatro treintañeros avanzan a las semifinales en un torneo major en los últimos 50 años. Si bien los cuatro merecen ser felicitados por la hazaña, también generan una duda: ¿Dónde están los jóvenes? Ninguna de las jóvenes promesas llegó siquiera a los cuartos de final. El único de ellos que dio la cara por las nuevas generaciones fue el griego Stefanos Tsitsipas, un adolescente de 19 años que se coló a la cuarta ronda.