Chris Froome vuelve a dinamitar el Tour en el Mont Ventoux

  • El líder se impone en solitario y aventaja a todos sus rivales. Contador, que sigue tercero en la general, cedió 1 minuto y 40 segundos tras intentar seguirle.
  • Froome aceleró a siete kilómetros del final y alcanzó pronto al colombiano Nairo Quintana, quien le resistió el ritmo hasta las cercanías del último kilómetro.

Puede que el Team Sky no sea el equipo más potente de esta edición del Tour, que no lo es, pero tiene al ciclista más fuerte entre todos y su fortaleza, algo antiestética por ese pedalear cheposo de brazos extrañamente arqueados y cabeza oscilante, es incontestable. Básicamente disipa las incertidumbres cuando y como quiere, aunque también la herencia de los últimos años en este deporte alimente al mismo tiempo su buena ración de dudas. En todo caso Chris Froome le asestó otro golpe a todos sus rivales en el Mont Ventoux, meta de una frenética decimoquinta etapa de la ronda gala a la que se llegó con casi una hora de adelanto sobre el mejor horario previsto. En una etapa de 242,5 kilómetros y terreno muy sinuoso entre campos de lavanda y viñedos, los corredores volaron desde el banderazo inicial: en las dos primeras horas recorrieron casi 100 kilómetros. Altísimo ritmo que anticipaba dos cosas: que todo intento de fuga estaba condenado  y que mucha gente iba a sufrir en el Ventoux, sometida por la falta de fuerzas y el calor.

Los ciclistas volaron en una etapa de 242,5 kilómetros: en las dos primeras horas recorrieron casi 100 kilómetros; la subida de Froome al Ventoux, más rápida que la de Iban Mayo en el Dauphiné 2004

El gigante de Provenza vio como el francés Sylvain Chavannel, el último exponente de una fuga de diez ciclistas, comenzaba a abordarle en cabeza mientras el grupo principal volaba. A ratos tiró el Movistar, también tomó esa responsabilidad  el Omega Pharma (curioso, el equipo de Chavanel) y por supuesto no faltó a su obligación, aunque apurando al máximo las aportaciones ajenas, el equipo Sky de Froome.  En las primeras rampas del Ventoux se quedó mucha gente, en su parte intermedia más aún (como Andy Schleck, Cadel Evans o Tejay van Garderen) y a unos 13 kilómetros del final un ataque de Mikel Nieve (Euskaltel) fue el punto de inflexión que cambió el desarrollo de la carrera. El de Leiza llegaría a encabezar la etapa, aunque poco después fue alcanzado por Nairo Quintana y juntos rodaron con 40 segundos de margen. Poco margen.

Tras el trabajo de catapulta que necesita de sus domésticos Kennaugh y Porte, y sin levantarse del sillín, Froome aceleró cuando a la etapa le quedaban siete kilómetros para la meta, poco antes del Chalet Reynard en el que los tupidos bosques de las faldas del Ventoux dan paso tras una amplia curva de vaguada a un pedregal lunar sometido al bochorno y el viento. Alberto Contador trató de seguir su estela, algo que lograría durante unos instantes. Pero Froome insistió, ensimismado por su dependencia de los datos de potencia que le facilita su moderno ciclocomputador, y el madrileño acabó cediendo. Encontraría un buen asidero para evitar el hundimiento en Mikel Nieve, un soporte gracias al que alimentó la posibilidad de escalar una plaza en la general ante la falta de respuesta del holandés Bauke Mollema (Belkin). Pero el final se le hizo muy duro a Contador, que acabó siendo alcanzado por una hilera de perseguidores entre los que estaba su compañero Roman Kreuziger. Al final, sólo le pudo recuperar a Mollema, muy bien de menos a más escoltado por Laurens Ten Dam, cinco segundos.

Este lunes la carrera afronta su segunda jornada de descanso antes de las últimas etapas, donde la carrera llega a los Alpes y tiene que afrontar una contrarreloj

Froome, por su lado, y en su carrera hacia la cumbre, sólo tenía por delante al colombiano Nairo Quintana, al que no tardó en alcanzar y al que trató de dejar atrás en un par de ocasiones. Juntos rodaron cuatro kilómetros. El de Movistar se agarraría bien a su rueda, pero con la pancarta del último kilómetro en el horizonte, allí donde la carretera comienza a zigzaguear para alcanzar la icónica cumbre del Ventoux, la de la antena de aires de Tintín, Froome aumentó su ritmo. Aquí sí ya recurrio al bailón sobre los pedales. Y esta vez Quintana, de nuevo el mejor joven de la ronda gala tras el tímido desfallecimiento del polaco Michal Kwiatkoski, no pudo responder. Sobradísimo. Y extraoficialmente capaz de dinamitar el récord del vizcaíno Iban Mayo en este puerto. En 2004, en un Dauphiné, el de Igorre ascensió este puerto en 55 minutos y 51 segundos. Este domingo Froome lo devoró en menos de 50 minutos. Aquella etapa era una cronoescalada de 21 kilómetros. La de hoy, en línea y larga. Las comparaciones son odiosas. Pero también aclaran.

Froome ha vuelto a golpear en el Ventoux. Cuesta arriba y contrarreloj la carrera es suya. Con tres gregarios a toda máquina comenzó a sentenciar el Tour en el primer final en alto, en los Pirineos. Y sin equipo, aunque también sin recibir muchos ataques, se defendió en los Pirineos.  Golpe, defensa, golpe. Froome es todo un púgil. Su segundo golpe lo asestó en la crono. Le tocó recibir en Saint-Amand-Montrond, donde el Saxo-Tinkof de Contador pasó a la ofensiva con un corte y le recuperó algo más de un minuto. Pero en esa pérdida había visto como el hasta entonces segundo Alejandro Valverde descarrilaba en su pugna por el amarillo por culpa de un problema en su rueda trasera que le alejó de un pelotón lanzado al que ya no podría reintegrarse. Y este domingo tocaba golpear, que el lunes es jornada de descanso.