Curiosamente, lo que necesitó Pedro Causil para llegar a unos Juegos Olímpicos fue que su actividad deportiva dejara de marchar “sobre ruedas”.

Un día de 2015, cuando cruzó la meta para obtener el oro en los Juegos Panamericanos en Toronto, Causil completó una colección que incluía una veintena de títulos en competiciones mundiales y regionales.

Era un astro en el patinaje sobre ruedas, donde incluso estaba algo aburrido de ganar. Pero soñaba con estar en unos Juegos Olímpicos, y su deporte no figura en el programa de verano.

Así que el joven nacido en Cartagena hace 26 años tenía dos opciones: aguardar a que alguna vez prosperaran los intentos por incorporar su especialidad a los Juegos o cambiar las ruedas por cuchillas. Esa alternativa de reinventarse le permitió cumplir el anhelo olímpico el lunes, cuando participó en el patinaje de velocidad sobre el hielo surcoreano.

“Estoy muy feliz de haber participado. Eso fue una meta. Estar en los olímpicos era la meta”, dijo Causil tras concluir su participación en los 500 metros, una carrera en la que patinó a la par del kazajo Stanislav Palkin, a quien superó, si bien ello no define las medallas, sino el tiempo individual de cada competidor. “El sueño siempre va a ser estar en un podio olímpico. Aún no sé si voy a ser capaz de hacer otros cuatro años, depende de muchos factores, pero digamos que por ahora cumplí una parte de mi sueño que era estar en los Juegos”.

Causil, abanderado de Colombia en la inauguración de estos juegos, llegó a ocupar de manera fugaz e imaginaria ese podio olímpico. Tras su carrera, sexta de 18 en el programa, se ubicó en el segundo puesto, del que fue cayendo hasta el vigésimo entre 36 competidores, una vez que se realizaron los demás recorridos a la pista del Óvalo de Gangneung.

“Obviamente, al realizar los primeros pares y con una buena carrera que hice, creo que eso me ha dado una buena posición, pero sabía que eso iba a caer, porque yo la realidad de las cosas las digo”, recalcó. “Para mí fue una buena carrera y estoy contento con eso”.

Contento no quiere decir eufórico. Causil está consciente del margen que lo separa respecto de los grandes de este deporte. El oro fue para el noruego Lorentzen Harvard, con un récord olímpico de 34,41 segundos; la plata correspondió al surcoreano Min Kyu Cha, quien quedó una centésima de segundo atrás, y el bronce quedó en manos del chino Tingyu Chin.

El tiempo de Causil fue de 35,196.

“Más que conforme con la posición, siempre pensé en tener una carrera muy limpia y eso fue lo que hice, no me puedo quejar. Entonces... a ver, ¿cómo explico? Yo estoy bien, yo estoy feliz pero nunca voy a estar satisfecho con un puesto 20, ésa es la realidad de las cosas”, se sinceró. “No soy conformista, siempre he peleado por los mejores puestos, pero digamos que estoy tranquilo. Obviamente, feliz, emocionado y fuera de control estaré cuando gane una medalla, si algún día lo puedo lograr”.

De hecho, mientras hablaba con la prensa, Causil cortó uno de sus comentarios. Se distrajo totalmente para mirar un televisor cercano en la zona mixta, emocionado por la mínima diferencia entre el primero y segundo lugar.

Evidentemente, tiene la atención puesta arriba.

Y pensar que los padres de Causil estaban alguna vez preocupados porque su hijo no practicaba deporte y había abandonado desde el fútbol hasta el karate en la isla de San Andrés, adonde se habían mudado.

Con la intención de despertar el interés del hijo, Olga Lucía y Pedro le obsequiaron a Causil un par de patines en Navidad. Por casualidad, un entrenador de patinaje había llegado a la isla caribeña, interesado en impartir clases.

No había pista especial para patinar en la pequeña población, a la que solían llegar por avión turistas deseosos de conocer sus playas. El vaivén de visitantes aminoraba a cierta hora en el aeropuerto local Gustavo Rojas Pinilla, así que el entrenador Álvaro Torres consiguió permiso para dar sus lecciones en el estacionamiento, pero sólo de 6 a 8 de la noche.

Problema infraestructural resuelto, y niño encaminado a hacer deporte... en un nivel de excelencia.

“Empezamos allá a patinar, obviamente no había escenarios, inclusive todavía no hay. Entonces, allá empieza todo, y la verdad eso nunca es impedimento, las dificultades siempre se sobrepasan y mírame dónde estoy hoy en día, tantos años después”, recordó orgulloso.

Pero la transición al patinaje sobre hielo, que Causil decidió con la medalla colgada al cuello en Toronto, resultó sumamente complicada. Hubo que empezar de cero. Ha contado que incluso los músculos que se activan son distintos en las ruedas que en el hielo.

Y había que despojarse de cualquier soberbia.

“En las ruedas, digamos que era una persona referente dentro del deporte. También pasar aquí a ser de los últimos obviamente no fue fácil en la parte mental”, aceptó. “Pero digamos que cuando vos trabajás callado, trabajás tranquilo, digamos que los resultados se van dando, y vamos paso a paso. No sé a dónde iremos a parar, pero la verdad por ahora y para empezar estuvo bien”.

Y para terminar en estos Juegos, competirá en los 1.000 metros el viernes.

“Obviamente una prueba más larga”, enfatizó el joven, quien siempre se ha considerado más un velocista. “Trataré de patinar muy bien, como lo hice en ésta, trataré de patinar muy cómodo y tranquilo, igual ya rompí el hielo con la primera carrera, entonces digamos que puedo patinar ya más tranquilo”.

Sí, rompió la barrera del hielo.

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El periodista de la AP, Jairo Anchique, contribuyó con este despacho desde Bogotá.

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Luis Ruiz está en Twitter como https://twitter.com/LuisRuizAP