El Atlético de Simeone, más habituado a dejar espacio y protagonismo al adversario, se ha topado en casa con un Chelsea que iba a empatar para lo que optó por levantar una muralla poniendo a los rojiblancos frente a su propio espejo.

La plantilla atlética buscó más el tanto, pero lo cierto es que ninguno de los dos equipos dispuso siquiera de una clara ocasión de gol, lo que dejó el resultado más lógico: empate a cero. La vuelta decidirá al finalista de la Champions.

Torres fue titular pero estuvo muy solo en la zona ofensiva de los londinenses

La alineación de Mourinho fue toda una declaración de intenciones. Con Hazard, su mejor jugador, lesionado, el portugués optó por dejar también en el banco a su otro talento, el brasileño Oscar, en una clara apuesta por el músculo, los jugadores que se ponen el mono de trabajo.

El gol no era el objetivo, ni siquiera hubo rápidos contragolpes, simplemente había que mantener la portería a cero. Fernando Torres volvió al Calderón siete años después de que dejara el equipo en busca de gloria, pero un tanto suyo hubiera sido un milagro, siempre rodeado de defensas rivales y ni una sola camiseta amiga cerca. Willian y Ramires miraron más hacia atrás que hacia delante.

El Atlético se encontró con un panorama desconocido, al menos ante un rival de tanta potencia. Cada vez que atacó vio por delante un muro de nueve hombres infranqueables, una barrera para la que los rojiblancos tienen pocos recursos. El dominio fue total, absoluto, pero también vano. No hubo ideas y el balón al área y las jugadas a balón parado fueron la esperanza rojiblanca.

Pero cada virtud colchonera tiene su antidoto en el conjunto londinense. Los impresionantes rematadores de cabeza del Atlético se encontraron esta vez ante jugadores al menos igual de buenos que ellos en esa faceta y las ocasiones nunca llegaron. La mejor, un córner botado por Koke que Cech evitó que se convirtiera en un gol olímpico, pero que le costó al portero checo una lesión y tuvo que ser sustituido. 

El guion no cambió tras el descanso, y el dominio del Atlético llegó a ser incluso mayor, pero las ideas no surgieron y ver una ocasión de gol pareció una utopía. El miedo a un tanto del rival fue superior a las ganas de marcar y ello hizo que tampoco Simeone se volviera loco.

Arda entró al campo por Diego, buscando una magia distinta pero sin arriesgar lo más mínimo, consciente de que aún había un partido de vuelta por disputarse.

Diego Costa lo intentó sin descanso, Raúl García peleó cada balón por alto y Koke, Gabi y Arda lo buscaron desde la media distancia, pero la muralla del Chelsea fue infranqueable. Stamford Bridge dictará sentencia.