Abundan actos de bondad en Juegos Olímpicos extraordinarios

marcadas por momentos deportivos que pueden ser los mejores o los peores de sus vidas.

marcadas por momentos deportivos que pueden ser los mejores o los peores de sus vidas.

Esas sensaciones se han amplificado en unos Juegos Olímpicos aplazados por la pandemia, en donde existe una inequívoca añoranza por la normalidad y, tal vez, un renovado aprecio por los rostros conocidos.

Para la estadounidense Carissa Moore, la pandemia y sus restricciones, la acercaron a otras surfistas.

La campeona mundial vigente dice que por lo general viaja a las competencias con su esposo y su padre. Pero sin aficionados en las sedes olímpicas este año, Moore admitió que pasó problemas sin su presencia en los primeros días de la justa.

Moore voló a Japón con la delegación estadounidense 10 días antes de la primera prueba, y pronto se acostumbró a compartir techo con otras surfistas, incluyendo a Caroline Marks, a quien consideraba la rival a vencer.

Moore dijo que no conocía bien a Marks antes de Tokio, pero en la noche en la que fue coronada como ganadora y Marks quedó cuarta, su rival fue la primera en felicitarla.

Tener al equipo de surf de Estados Unidos conmigo ha sido una hermosa experiencia para poder acercarme a ellas, dijo Moore. Siento que en las últimas dos semanas gané otra familia.

Después del agotador triatlón femenino de la semana pasada en Tokio, la noruega Lotte Miller, quien finalizó en el 24to puesto, se tomó un momento para alentar a la belga Claire Michel, quien estaba tendida en el suelo y con un llanto inconsolable.

Michel llegó última, 15 minutos después de la ganadora, Flora Duffy, de Bermuda, pero al menos finalizó. Un total de 54 deportistas iniciaron la prueba, pero 20 fueron superadas por al menos una vuelta o se retiraron.

Eres una maldita luchadora, le dijo Miller a Michel.

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Los periodistas de Associated Press Pat Graham, Jimmy Golen y Jim Vertuno contribuyeron con este despacho.