Río de Janeiro sigue esperando el legado olímpico prometido

hoy reina el silencio y no hay sombra que proteja del sol inclemente. No hay baños, fuentes para tomar agua ni vendedores de comida o refrescos, lo que lo hace que resulte un sitio que espanta a los ...

hoy reina el silencio y no hay sombra que proteja del sol inclemente. No hay baños, fuentes para tomar agua ni vendedores de comida o refrescos, lo que lo hace que resulte un sitio que espanta a los visitantes, según Audrei Pereira, de 42 años, que vive a corta distancia. Es un ejemplo de las promesas incumplidas.

Hay todavía algún rastro de los Juegos aquí, comentó Pereira, después de ver sesiones de vóleibol y gimnasia a las que asisten sus hijos. Pero de haber continuado, de haber seguido abierto una vez concluidos los Juegos, el legado hubiera sido mucho mejor.