Rey de Europa por la mínima; Chelsea gana a City la final

Como capitán del Chelsea, César Azpilicueta sujetó la copa cuidadosamente entre sus brazos, antes de alzarla para que estallara la pirotecnia y se pusiera en marcha el festejo.

Como capitán del Chelsea, César Azpilicueta sujetó la copa cuidadosamente entre sus brazos, antes de alzarla para que estallara la pirotecnia y se pusiera en marcha el festejo.

No muy lejos, Pep Guardiola y sus compungidos jugadores del Manchester City atestiguaron la escena.

Otra vez, la gloria del máximo certamen europeo de clubes fue para el Chelsea, seis años después de una conquista inédita y apenas 123 días luego que Thomas Tuchel llegó para cambiar el rumbo de una campaña descarrilada.

En cambio, un objetivo siguió pendiente para el City y Guardiola, su técnico genial cuyo sobreanálisis pareció resultar costoso de nuevo.

Chelsea conquistó la Liga de Campeones por segunda vez en la historia el sábado, con un triunfo de 1-0 sobre el City, gracias a un tanto de Kai Havertz en el primer tiempo.

Pese a la ventaja mínima, el triunfo del Chelsea pareció cómodo, en esta final entre conjuntos ingleses.

Fue curioso que el último partido de una campaña de clubes gravemente trastocada por la pandemia haya sido obra de Havertz, quien sufrió un debilitamiento grave tras contraer el coronavirus a la mitad del primer año con el club londinense, que lo contrató por casi 100 millones de dólares.

Tras la lenta recuperación, Havertz desempeñó de nuevo un papel protagónico en la parte final de la temporada, y mostró por qué el club lo convirtió en la pieza central de su oleada de gastos por 300 millones de dólares en el receso entre temporadas.

Havertz persiguió un balón filtrado a la perfección por Mason Mount y saltó para eludir la salida del arquero brasileño Ederson Moraes, antes de empujar el balón hacia el arco desguarnecido a los 42 minutos.

Realmente no sé qué decir, dijo. Esperé mucho tiempo para esto.

Su compatriota alemán Tuchel esperó en cambio sólo una temporada para curarse de la decepción que le dejó la derrota en la final de 2020, cuando estaba en el París Saint Germain y sucumbió ante el Bayern Múnich.

Destituido en diciembre por el PSG, aterrizó un mes después en el Chelsea, que buscaba rescatar lo que se pudiera de una temporada en la que languidecía como noveno de la Premier.

Cuatro meses después, lo que pudo salvarse fue nada menos que el cetro de la Liga de Campeones.

Chelsea añadió este título al conseguido en 2012, que fue su primero en el máximo certamen europeo. Es el 13er equipo en la historia que ha ganado el certamen más de una vez.

Se anticipaba un duelo táctico. Tuchel fue el ganador indiscutible.

El largo camino que el City ha debido pavimentar con cientos de millones de dólares en busca de ser monarca de Europa sigue incompleto. Guardiola lamentará probablemente haber remendado la alineación habitual con la que llegó al duelo por el título y estuvo cerca de un triplete de títulos, como los que solía lograr como estratega del Barcelona.

El innovador estratega español, quien sigue buscando su tercer cetro en la Champions y el primero desde 2011, ha sido criticado en los años recientes por hacer planteamientos tácticos demasiado rebuscados en los grandes partidos, confundiendo a sus jugadores y malogrando el desempeño de sus conjuntos.

Justo eso pareció ocurrirle en Oporto.

Se esperaba que el City comenzara sin un delantero ”Guardiola había preferido esa alternativa en los partidos de eliminación directa del torneo. Pero fue una sorpresa ver que los Citizens prescindieron también de algún especialista en la retención del balón en el medio campo.

La ausencia de Fernandinho o Rodri desestabilizó al City, que lució irreconocible respecto del conjunto que dominó la temporada inglesa, coronándose en la Liga Premier y en la Copa de la Liga.

He tomado lo que pensé que era la mejor decisión, justificó Guardiola.

Ilkay Gundogan, el mejor anotador del City en la campaña y una revelación como volante de ataque debió concentrarse en apuntalar el medio campo. Y pasó penurias en labores defensivas.

En el gol del Chelsea, Mount tuvo de hecho el tiempo y el espacio para calcular su pase de precisión milimétrica, desde su propia mitad del campo y hacia el corazón de la zaga del City, partida a la mitad por un avance del alemán Timo Werner.

En vez de llegar a Werner, el balón arribó a la zona de su compatriota Havertz. Ederson salió desbocado con intenciones de achicar y alcanzó a rozar el balón con una mano.

Pero Harvetz recuperó el equilibrio y definió con serenidad gélida.

Fue todo lo que requirió el Chelsea en un partido en que City jamás tuvo el control del que suele jactarse Guardiola.

Tuchel, otro entrenador conocido por su astucia, dio jaque mate en este ajedrez, ante un rival al que suele calificar como el referente para todos los demás técnicos.

El desconcierto y la improductividad del City se agravaron después de que su mediocampista estelar Kevin de Bruyne debió marcharse tambaleante a los 60 minutos, con una evidente conmoción cerebral luego que su cabeza chocó con la de Antonio Rudiger.

Sergio Agí¼ero ingresó a los 76 minutos, para cumplir su última aparición tras una estadía memorable de 10 años en los que aportó goles y triunfos a raudales. Esta vez, no hubo oportunidad de que el argentino se vistiera de héroe.

El silbatazo final sonó y los jugadores del City cayeron como noqueados. Rudiger corrió por toda la cancha para celebrar con casi 6.000 seguidores del Chelsea, que figuraron entre 14.110 espectadores en el Estádio do Dragí£o.

Oporto reemplazó en cuestión de días a Turquía, la sede original, donde fue imposible relajar las restricciones por el coronavirus.