México: Daño irreversible en escultura histórica

La escultura ecuestre de "Carlos IV" sufrió daños irreversibles en el 50% de su superficie al ser restaurada sin autorización y con métodos obsoletos, informaron el martes autoridades de México.

Tras realizar un estudio sobre el estado en el que terminó la escultura, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emitió un dictamen en el que establece que el uso sin autorización de ácido nítrico en el monumento histórico creó daños que ascienden a 1,4 millones de pesos (106.000 dólares), de acuerdo con un documento difundido el martes.

Los daños a la escultura han creado escándalo en la Ciudad de México, donde grupos de activistas criticaron que se realizara una intervención totalmente injustificada.

Funcionarios del Centro Histórico de la Ciudad de México ordenaron en septiembre llevar a cabo una restauración al monumento, creado por el escultor español Manuel Tolsá en 1803, actualmente incluido en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del INAH.

La intervención quedó bajo responsabilidad de Arturo Javier Marina Othón, presuntamente contratado por funcionarios del Centro Histórico de la Ciudad de México. Dado que la intervención no contaba con un proyecto que la justificara, el INAH constituyó una comisión de especialistas para establecer un dictamen sobre los daños que había sufrido el monumento histórico.

La comisión estuvo integrada por las restauradoras especialistas en metales de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, y de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos.

La comisión detectó que Marina Othón planteó utilizar ácido nítrico al 30% para realizar una limpieza de la escultura, pero durante una visita de inspección para elaborar el dictamen encontraron ácido nítrico al 60%.

Por su antigüedad, la escultura estaba cubierta por una capa de pátina, pero esta se disolvió por el ácido, haciendo perder de manera irreversible el 50% de esa capa protectora del bronce original, volviéndola más susceptible a los daños ambientales. La superficie de la escultura que antes tenía un tono verdoso se ve ahora con tonos dorados, rosa salmón, rojo tornasol y verde pulverulento, así como zonas que conservan la pátina y otras con suciedad y hollín.

Aunque el ácido nítrico se aplicó sólo al 35% de la escultura, los daños se extendieron a la mitad de la superficie del monumento por escurrimientos y manchas en numerosas áreas de la escultura y del pedestal de piedra.

"Los ácidos inorgánicos, como el ácido nítrico, se han dejado de emplear en restauración de metales desde la década de 1950, cuando se comprobó el profundo e irreversible deterioro que causan", dijo el instituto.

El uso de fibras de acero para sacar brillos y limpiar la escultura también afectó la superficie. Al intervenir la escultura se violó la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, y su reglamento, dijo el instituto, que señaló que se deberá presentar un proyecto para estabilizar la escultura y lograr su conservación.