Aumentan los desaparecidos en Río

Anderson de Souza se dio vuelta luego de recorrer una serie de callejones laberínticos de la favela Rocinha de Río de Janeiro y una luz brillante le iluminó la cara.

Fue allí, indicó, señalando un sitio cerca de la casucha de su familia, donde la policía torturó brutalmente a su padre y le causó la muerte. Y fue allí donde perdió toda esperanza de que el ambicioso programa de la municipalidad de ocupar y pacificar las favelas con miras a los Juegos Olímpicos del 2016 pueda hacer más segura la ciudad.

"No recuperaré a mi padre. Pero quiero que se haga justicia", afirmó de Souza. "Las cosas empeoraron desde que vino la policía. Cuando las bandas de traficantes de drogas controlaban todo, al menos sabíamos cuáles eran las reglas. Ahora lo único que hay es miedo. La policía se lleva gene al tuntún, como con mi padre".

Activistas defensores de los derechos humanos y organizaciones que observan el trabajo de la policía dicen que el caso de Amarildo de Souza, un obrero de la construcción de 42 años que según una investigación interna de la policía fue torturado, asesinado y hecho desaparecer por agentes en julio, refleja los problemas con el proyecto de la municipalidad orientado a expulsar las bandas de delincuentes que por décadas se manejaron a placer en la mayoría de las favelas de Río.

La cantidad de homicidios ha disminuido en la ciudad, pero un análisis que hizo la Associated Press de estadísticas policiales indica que desde el 2007, un año antes de que la policía comenzase a penetrar en las favelas para limpiarlas de delincuentes, la cantidad de desaparecidos aumentó un 33% hasta llegar a 4.090 denuncias de desapariciones el año pasado.

No está claro a qué se debe ese aumento, pero las tácticas de mano dura de la policía hacen que surjan sospechas entre los residentes de las favelas de que las autoridades tienen algo que ver. Durante la investigación de la desaparición de de Souza, más de 20 residentes de Rocinha le dijeron a las autoridades que fueron torturados durante interrogatorios policiales.

Grupos observadores dicen que es razonable pensar que la misma policía está haciendo desaparecer gente en su afán por contener la delincuencia en las favelas, en vista de su historial de matanzas extrajudiciales. Expertos en seguridad, no obstante, culpan a las bandas de traficantes de drogas y dicen que ocultan los cadáveres de traficantes rivales que ultimaron para no llamar la atención de las autoridades.

La policía se abstuvo de responder a numerosos pedidos de comentarios que hizo la AP. Pero el gobernador de Río Sergio Cabral insistió el domingo en que el caso de Souza "no es la característica distintiva" de las unidades de pacificación de la policía, conocidas como UPPs.

"El método usado por estos agentes fue una abominación. Pero tenemos 8.600 agentes en las UPPs y la gran mayoría son muy queridos por la población", sostuvo en declaraciones a la prensa.

Al margen de quién es responsable, las desapariciones representan un golpe para los esfuerzos de Brasil por demostrarle al mundo que Río está haciendo a un lado su imagen de violencia de cara a los grandes eventos deportivos que se avecinan, incluida la Copa Mundial del 2014.

"Estos son desaparecidos que no vuelven a casa", comentó Antonio Carlos Cosat, un pastor que lleva años trabajando en las favelas de Río y que dirige un grupo contra la violencia llamado Río de Paz. "Hay más muertos y desaparecidos que durante la dictadura militar brasileña. Son los desaparecidos de la democracia", manifestó.

Desde hace años que la policía de todo Brasil ha sido criticada por matanzas extrajudiciales y ejecuciones sumarias de sospechosos. En un informe del 2009, la organización estadounidense Human Rights Watch estimó que unas 11.000 personas fueron asesinadas por la policía entre el 2003 y el 2009 en las dos principales metrópolis del país, Río y Sao Paulo. Un informe del 2008 de las Naciones Unidas, por su parte, señaló que la policía era responsable de una parte importante de los 48.000 asesinatos registrados el año previo.

Lo preocupante, dijo Costa, es que la policía, en un esfuerzo por mejorar esas estadísticas, está optando por hacer desaparecer los cadáveres de las personas que mata, como ocurrió en el caso de de Souza, según los investigadores.

El Instituto de Seguridad Pública del estado de Río dijo que la cantidad de muertes de personas que se resisten a la policía de la ciudad de Río bajó un 71% desde el 2007 y que los homicidios en general registraron una baja del 37%.

"Estas estadísticas son extrañas", comentó Costa. "¿Cómo puede ser que disminuyan los homicidios y las muertes a manos de la policía, lo que supuestamente indica que la ciudad es más segura, mientras al mismo tiempo aumentan las desapariciones? Algo no cuadra aquí".

"Uno debe preguntarse: ¿Será que algunas estadísticas bajan porque aumentan las desapariciones? La sospecha es que están usando tácticas como las vistas en el caso de Amarildo para hacer bajar artificialmente esas cifras", manifestó.

Agregó, no obstante, que no cree que la policía esté detrás de todas las desapariciones recientes.

Paul Storani, asesor de temas de seguridad de Río que fue capitán de una unidad especial que combatía las bandas de traficantes, dijo que es erróneo asumir que los agentes son responsables del aumento en la cantidad de desapariciones. Sostuvo que los responsables son las bandas y otros delincuentes, sumado al hecho de que la gente se anima más a denunciar los casos gracias a la mayor presencia policial.

En Rocinha los residentes dicen que no creen que las unidades de pacificación vayan a generar seguridad a corto plazo.

"Nos hicimos muchas ilusiones cuando vinieron las UPPs, pensamos que el estado finalmente se hacía presente, que su presencia ayudaría a mejorar nuestras vidas", expresó Carlos Eduardo Duda, líder comunitario de Rocinha que denunció que su hermano de 16 años fue torturado por agentes que lo interrogaban sobre las actividades de bandas delictivas.

"Pero resultó que este es el brazo opresivo del aparato estatal, sientes como que no se ha hecho mucho para ayudarnos", señaló.

Comentarios como ese son duros de digerir para José Beltrame, alto oficial de seguridad de estado de Río, que supervisa a la policía y fue el creador del programa de pacificación de las favelas. Dijo que el cas de Souza estaba en manos del sistema judicial y que "lo importante ahora es mantener la integridad de la UPP de Rocinha".

"No quiero propagar la ilusión de que todos los problemas se resolverán pronto", indicó. "Estas áreas han estado abandonadas (por el gobierno) durante 30 años".

La semana pasada investigadores de la policía entregaron su informe sobre el caso de Souza a los fiscales y recomendaron que se encause a 10 agentes por secuestro, tortura, muerte y desaparición. Los agentes imputados niegan haber torturado o matado a de Souza.

En entrevistas, la familia de Souza dijo que este no había estado involucrado en delitos y que la policía se lo llevó porque se quejaba constantemente de que los agentes maltrataban a sus hijos.

Unos 20 familiares de de Souza viven hoy en una pequeña casa de Rocinha por temor a represalias de la policía por haber recurrido a la justicia.

Una hermana de de Souza, María Lacerda, de 52 años, observó a los seis hijos de su finado hermano en la cocina de la atestada vivienda.

"Cuando eres pobre, es fácil matarte. Siempre ha sido así en Brasil y le va a pasar a otros si nos callamos", expresó. "Por Dios, ¡no esta vez! No nos quedaremos callados. Un animal no merece el final que tuvo mi hermano. Los culpables van a pagar".

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Bradley Brooks está en Twitter como: www.twitter.com/bradleybrooks