Republicanos querían una cosa, consiguieron otra

Los republicanos aseguraban que querían acabar con la reforma al plan de salud aprobada hace tres años, no interrumpir las operaciones del gobierno. Pero consiguieron lo contrario de lo que buscaban y ahora tratan de convencer al público de que la suspensión parcial de las operaciones del aparato federal es culpa del presidente Barack Obama y de los demócratas.

Hay amplia evidencia de que eso no fue lo que sucedió, empezando con la negativa del presidente de la Cámara de Representantes John Boehner a permitir que la cámara baja votase un proyecto aprobado en el Senado que facilitaba la reapertura de las operaciones del gobierno.

En los días previos, el senador Ted Cruz dijo que haría "todo lo posible por dejar sin fondos a Obamacare", el plan de coberturas médicas de Obama resistido por la derecha, incluida una maniobra obstruccionista para impedir la aprobación de una ley que hubiera evitado la suspensión parcial de las operaciones del gobierno nacional.

El representante Jack Kingston, por su parte, dijo a la prensa que sus electores de Georgia preferían la suspensión de las operaciones a Obamacare. Otro representante, Tim Huelskamp, afirmó hace poco que en su distrito de Kansas "si dices que el gobierno va a suspender sus operaciones, te preguntan, 'ok, ¿qué operaciones podemos suspender?'''.

Irónicamente, los líderes republicanos instaron a sus bases a no vincular los fondos para Obamacare con los gastos federales, convencidos de que ello desencadenaría una suspensión de las operaciones del gobierno que podría causarles serios perjuicios políticos.

Sin embargo, Boehner, quien sobrevivió a un desafío a su liderazgo del sector conservador en enero, y el líder de la bancada republicana del Senado Mitch McConnell, quien enfrentará a un candidato apoyado por el tea party en Kentucky, no pudieron prevalecer. Fueron desbordados por Cruz y sus aliados en el Congreso y en Heritage Action, Club for Growth, el Tea Party Express y otras agrupaciones que recaudaron fondos explotando este tema.

Una vez que se impuso esa estrategia, los republicanos negociaron solo entre ellos en los días previos al cese de operaciones, empeñados siempre en buscar formas de anular el Obamacare.

Primero aprobaron una legislación que contempla el retiro de fondos al programa de salud a cambio de un proyecto de ley con fondos esenciales para el gobierno.

Cuando el Senado rechazó esa iniciativa, replantearon el tema. Hicieron algunas concesiones y decidieron proponer que se demore un año la entrada en vigor del programa, combinado con la anulación definitiva de un impuesto a aparatos médicos y la creación de nuevas barreras a la cobertura de métodos anticonceptivos para las mujeres que adquieren seguros.

Esa propuesta también fue rechazada por el Senado.

El paso siguiente fue proponer que se aplace por un año el requisito de que los individuos que no tienen seguro médico adquieran uno y que se obligue al presidente, el vicepresidente y los miembros del Congreso y sus asistentes a que compren seguros médicos en el mismo sistema que el resto del país, sin recibir los habituales aportes de su empleador, en este caso el gobierno. El objetivo era aumentar significativamente el costo de la cobertura médica de miles de asistentes legislativos y de funcionarios designados por el gobierno.

Tampoco esto pasó el filtro del Senado.

Ha habido un repliegue ideológico también.

A pesar de su tradicional oposición a que el gobierno imponga cosas, los republicanos de la cámara baja empezaron a hacer a un lado la semana pasada su resistencia a aspectos de la ley de salud que en el pasado rechazaban. Entre ellos el requisito de que las aseguradoras cubran a personas que ya tienen enfermedades al enrolarse en el plan y que permitan que un joven siga en el plan de su padre hasta los 26 años.

Son todas medidas políticamente populares, aunque rara vez mencionadas por los legisladores republicanos, que dicen que el país pide a gritos que se anule la ley de salud.

Los republicanos, por otro lado, no han presentado una propuesta alternativa, en parte por la oposición de los conservadores a algunos requisitos que ya aceptaron tácitamente la semana pasada.

La unidad de los republicanos, que fue vital para conseguir reducir los gastos en los últimos tres años, parece estar cediendo.

Ya antes de que se suspendiesen las operaciones del gobierno algunos moderados decían que era tiempo de librar la batalla contra Obamacare en otros frentes y permitir que el gobierno siguiese funcionando. Pero un puñado de conservadores se rebelaron cuando el partido Republicano comenzó a retirar algunas de sus demandas.

"Siento que nos estamos retirando", declaró el representante Phil Gingrey, en tanto que Heritage Action, una organización conservadora, dijo que se opone a las últimas maniobras de los republicanos porque "no eliminan todos los fondos para la fallida ley (de salud) del presidente".

El senador John McCain, por su parte, afirmó que "no podemos salir ganando" si se trata de usar el presupuesto para conseguir concesiones en relación con la cobertura médica.

Irónicamente, Obama y líderes demócratas del Senado han dicho que estarían dispuestos a negociar modificaciones a la ley de salud, pero en otro momento y en otro proyecto.

___

David Espo es el jefe de corresponsales de AP en el Congreso.