Jóvenes españoles atrapados en empleos precarios en Alemania

Edur Ansa no logró encontrar trabajo durante un año después de obtener su título de enfermería de la Universidad de Barcelona. Como muchos otros españoles, empezó a buscar trabajo en Alemania y terminó con un empleo en un hospital privado.

Entonces se encontró atrapado.

Ansa señaló que su salario era menor al de sus compañeros alemanes, a pesar de que trabajaba más horas y estaba más cualificado. Pero cuando intentó renunciar, se encontró obligado a mantener su contrato hasta que pagara las clases de idioma y el alojamiento que el proporcionó su empleador al llegar.

"Me molestó mucho que nos trataran diferente, peor, que a nuestros compañeros alemanes", dijo Ansa. "Simplemente no podía aceptarlo":

Los jóvenes en España y otros países en problemas del sur de Europa se están viendo atrapados en empleos que aceptaron en Alemania para huir de la crisis financiera en casa. Llegaron atraídos por agresivas campañas de reclutamiento de empresas alemanas desesperadas por cubrir la escasez de personal cualificado, pero lo que parecía un sueño se convirtió en pesadilla para muchos europeos del sur, que dicen fueron engañados para firmar contratos que hacen casi imposible renunciar a lo que resultaron ser empleos miserables.

Las penurias económicas y su pobre conocimiento del alemán se combinaron para hacer de estos jóvenes trabajadores un blanco fácil, según los críticos de estos contratos. El desempleo en Espala para jóvenes de 25 años o menos es del 53,3%; el paro juvenil en Italia es del 44%, y en Grecia del 50,6%. Desde el comienzo de la crisis financiera en 2008, unos 30.000 españoles se mudaron a Alemania.

La escasez de personal cualificado en Alemania ha golpeado especialmente duro al sector sanitario. Según el Ministerio alemán de Salud, el país necesita unos 30.000 enfermeros para cubrir puestos vacantes. Muchos de los inmigrantes del sur de Europa terminan en atención de enfermería y geriátricos, sólo para descubrir, dicen, que sus colegas alemanes ganan más dinero, trabajan menos horas y tienen más días libres.

Muchos quisieron renunciar cuando se dieron cuenta. Pero no había forma de marcharse sin pagar una onerosa multa. No lo sabían cuando firmaron contratos por varios años, y desconocían que deberían miles de euros por las clases de alemán, el alojamiento y las comidas si se marchaban antes de lo establecido.

No está claro exactamente cuántos de los miles de jóvenes del sur de Europa que se vieron atraídos por Alemania con promesas de trabajo se encuentran atrapados en sus empleos.

Muchos recibieron ofertas de trabajo a través de agencias de reclutamiento que les mostraron contratos en alemán que no podían entender o contratos genéricos en español que no incluían las cláusulas que les forzaban a quedarse varios años con las empresas. Otros, como Ansa, dicen que leyeron la letra pequeña pero sintieron que no tenían más opción que firmar.

"Vi que había una reclamación de devolver gastos, pero, ¿qué iba a hacer?", dijo Ansa. "Era mi única oportunidad de trabajar".

Las llamadas telefónicas y correos electrónicos enviados al hospital donde trabajaba Ansa no recibieron respuesta. Thomas Bublitz, jefe de la Asociación Federal de Hospitales Privados Alemanes, dijo que había sabido de casos en los que enfermeros españoles, debido a su educación universitaria, tuvieron problemas ajustándose a los requisitos de los hospitales alemanes. Sin embargo, insistió en que todos los enfermeros reciben salarios basados en su cualificación, no su origen.

Bublitz también defendió las medidas que impiden que los empleados se marchen pronto, si los hospitales invierten en clases de alemán.

"Es legítimo que estos hospitales, si pagan las clases de idiomas, vinculen a sus empleados de forma contractual por un periodo de tiempo", dijo Bublitz. "Después de todo, están pagando una educación en la que, de otro modo, los empleados tendrían que haber gastado dinero".

Fuentes de la embajada española en Berlín dijeron estar al tanto de la difícil situación a la que se enfrentan muchos empleados españoles en Alemania, pero señalaron que no hay mucho que puedan hacer. Los contratos laborales con cláusulas especiales requiriendo devoluciones en caso de renuncias anticipadas son legales en Alemania, señalaron.

Nadie sabe exactamente cuántos jóvenes europeos trabajan en el país con malas condiciones. Pero los dos sindicatos alemanes dijeron haber recibido consultas de muchos jóvenes españoles preguntando cómo pueden dejar sus empleos sin endeudarse.

"Hemos tenido casos en los que las empresas reclamaban hasta 12.000 euros después de que los empleados dejaran sus trabajos antes de tiempo", dijo Kalle Kunkel, activista del sindicato ver.di. "Estamos tratando con una versión moderna de servitud por deudas".

"Es el lado malo de la libertad de circulación en la Unión Europea", dijo Kunkel. "Otros países pagan por la educación de estas personas y las empresas alemanas las traen aquí para explotarlas".

Una portavoz del Ministerio alemán de Empleo dijo que las leyes laborales se aplican del mismo modo a los empleados extranjeros y nacionales.

"En cuanto a la redacción concreta de los contratos, el gobierno español no puede influir en esto", señaló la vocera, que habló bajo condición de anonimato al no estar autorizada a hablar con los medios.

Algunos jóvenes europeos se quedan en sus empleos precarios hasta el final de su contrato, que suele ser después de tres años. Otros intentan pedir dinero prestado a amigos y familiares para pagar una renuncia anticipada. Después están los que lo dejan y se marchan, esperando que las empresas no logren dar con ellos.

Ansa renunció tras cinco meses de un contrato de tres años con la privada Clínica Brandeburgo. El español dijo que le molestaba haber tenido que trabajar más horas pese a estar más cualificado y aun así ganar menos que sus compañeros alemanes. Pero lo que le convenció fue que le dijeran que sólo podría pedir vacaciones después de que todos los empleados alemanes hubieran hecho sus peticiones.

A diferencia de los españoles, que estudian cuatro años en la universidad para convertirse en enfermeros, los alemanes sólo necesitan una formación de oficio de tres años que suele ofrecer menos cualificación que el modelo español.

Dos semanas después de que Ansa dejara su empleo, la clínica envió una carta a la dirección de sus padres en España reclamando la devolución de 3.222 euros en los siguientes 14 días. Ansa no ha pagado aún, ni respondido a nuevas misivas de abogados y de un tribunal español reclamando que devuelva el dinero.

El joven se ha quedado en Alemania y trabajó unos meses en un empleo distinto en un asilo de Berlín, pero también dejó ese trabajo. Ahora está buscando un nuevo empleo.

"Intentaré otra vez buscar un empleo decente aquí, por tercera y última vez", dijo Ansa. "Si eso no funciona, me iré a casa".

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Alan Clendenning y Jorge Sainz contribuyeron a este despacho desde Madrid, Spain.

Kirsten Grieshaber está en Twitter como http://www.twitter.com/kugrieshaber