Festival de órgano de bambú corre peligro

Ha sobrevivido al tiempo y las guerras, pero el órgano de bambú de 200 años que se cree es el más completo y antiguo del mundo enfrenta lo que podría ser su mayor amenaza hasta ahora: la música pop y la falta de donativos.

En las últimas cuatro décadas los melómanos de lugares tan remotos como Estados Unidos, Argentina, Australia y Europa han llegado cada año a una iglesia católica de Filipinas para escuchar el órgano, la pieza central de un festival internacional de música. Pero parece que la edición de este año será la última.

Los organizadores dicen que se están quedando en la ruina porque los fondos de los donadores tradicionales, incluyendo el gobierno filipino, las embajadas europeas y los donadores privados, están agotándose. Las empresas privadas prefieren involucrarse en conciertos pop en vez de música clásica, dijo el ciudadano belga Leo Renier fundador del Festival Internacional de Órgano de Bambú en 1975.

"Ellos están más interesados en el espectáculo", dijo Renier, director ejecutivo del festival. "Si Justin Bieber de Canadá viene están listos para gastar millones".

Sin el festival el sonido único del órgano, completado en 1824 por el padre español Diego Cera, no tendrá un foro para brillar, dijo Renier. Seguirá siendo usado durante las misas en la iglesia de San José en la zona metropolitana de Manila en la ciudad de Las Piñas, difícilmente llegará a los oídos del mundo.

El órgano que tiene unos 5 metros de altura por 4 (17 pies por 13) ocupa una porción de una pared en el costado izquierdo de la iglesia, produce sonidos claros similares a los de las flautas a través de sus 902 tubos de bambú y 129 tubos metálicos.

Para la víspera del festival, que concluye el viernes, los organizadores sólo habían conseguido una parte de los 3,2 millones de pesos (72.500 dólares) necesarios para su presupuesto. El resto de las donaciones que se habían prometido no habían sido entregadas. Las ventas de boletos no son suficientes para financiar completamente las presentaciones y para el próximo año las reservas de la fundación que organiza el festival se agotarán.

"El órgano de bambú no es sólo un mueble con bambú, tiene que ser escucharlo", dijo Renier mientras los músicos ensayaban la Misa en Si menor de Bach bajo candelabros hechos con conchas de Capiz y bambú.

"Todas las partes de bambú del órgano son muy agradables y me recuerdan un poco a una flauta de Pan o algo como una flauta de madera", dijo el organista suizo Guy Bovet, en su séptima visita al festival.

Los músicos internacionales aceptan un pago mínimo con tal de asistir al festival, que sirve como foro para que los músicos se conozcan y como una oportunidad de entrenamiento para el talento local. Varios exintegrantes del coro de niños de Las Piñas, que se presenta en el festival, han desarrollado sus carreras musicales y como constructores de órganos tras recibir educación en Europa.

El director artístico del festival, y organista residente Armando Salarza, fue integrante del coro de niños y ha tocado el órgano de bambú desde que tenía 11 años. Después de estudiar la secundaria fue enviado con una beca a estudiar música en Graz, Austria. Hizo sus estudios de posgrado en Viena y regresó en 1992 para compartir su talento con la generación más joven en su ciudad natal.

"Es el único lugar en Filipinas donde se puede escuchar este tipo de música y con este tipo de representación", dijo Salarza, profesor de órgano en la Universidad de Filipinas.

A lo largo de su historia el festival se ha estado dedicado principalmente de música barroca pues el órgano de bambú se construyó a semejanza de un instrumento de estilo ibérico del siglo XVIII.

Salarza dijo que este tipo de música es pocas veces enseñada en las escuelas de Filipinas. El reto es acercar a los niños a ella.

"Seguimos regresando porque es una atmósfera maravillosa, que no encuentras en ninguna otra parte del mundo y el sonido del órgano es magnífico", dijo Jules Maate, un ciudadano holandés de 53 años que asistía al festival por cuarta ocasión.

___

El periodista de The Associated Press Kiko Rosario contribuyó con este despacho.