Entre dudas, la Guardia Nacional se queda en la frontera

En la autopista 83 de Estados Unidos, que abraza el tramo sur de la frontera entre Texas y México, las autoridades están por todas partes.

Incluso durante el feriado nacional de esta semana, las camionetas verdes y blancas del servicio de Protección de Fronteras y Aduanas circulaban incansables por las calles vacías de Rio Grande City, un punto caliente en el paso ilegal de inmigrantes. Los patrulleros del estado de Texas manejaban otros vehículos, y un helicóptero de la Patrulla Fronteriza sobrevolaba la zona, con la vista puesta en el Río Grande.

Menos visibles son los cientos de efectivos de la Guardia Nacional que llegaron el verano pasado y están bajo nuevas órdenes del gobernador de Texas, Greg Abbott, de quedarse hasta nuevo aviso, probablemente hasta el año que viene. Pero ante el descenso de migrantes que llegan y con la guardia en puestos remotos, las autoridades locales y los vecinos están cuestionando la presencia de las tropas en la zona.

Los miembros de la guardia, que tenían previsto marcharse en marzo, suelen responder a desastres a corto plazo como huracanes. En cambio, ahora están en uno de los despliegues internos más largos en Estados Unidos, a pesar del descenso en las detenciones y al declive aún mayor en la cantidad de niños que llegan sin acompañante desde Centroamérica.

Fue la llegada de esos niños, en cantidades abrumadoras, lo que llevó al ex gobernador Rick Perry a activar a la guardia en un principio. Abbott dice que la misión extendida es necesaria hasta que Texas contrate a más patrulleros estatales.

"Nos mantendremos en el puesto hasta que nuestra presencia ya no sea necesaria", dijo el mayor general de la Guardia Nacional John Nichols.

Los guardias están destinados sobre todo a lo largo del Río Grande. Pero en las últimas semanas, su presencia se volvió menos visible conforme el cuerpo comenzó una retirada gradual con vistas al final de su misión en marzo.

Todavía no está claro cuántos efectivos se quedarán en la región, cumpliendo con su papel estrictamente limitado a la vigilancia. Están armados, pero no tienen autoridad para hacer detenciones y deben llamar a otra agencia al menor signo de complicaciones.

El director del Departamento de Seguridad Pública de Texas, Steve McCrew, declinó detallar esta semana el número total de patrulleros armados que tiene el estado en el valle del Río Grande, haciendo difícil ofrecer una imagen del nivel de seguridad.

El gobernador y las autoridades del estado ya no hacen público el número de guardas apostados en la frontera, debido a lo que describen como seguridad operacional.

Cuando unos 1.000 guardias llegaron en un principio en agosto, más de 6.600 personas fueron detenidas en la primera semana tras cruzar la frontera de manera ilegal, según las autoridades texanas. Esa cifra ha caído después a unos 200 guardias y unas 2.000 detenciones semanales.

El Centro Nacional de Mariposas, situado en una finca de 100 acres (40 hectáreas) adyacente al Río Grande en Misión, acogía a un grupo de guardias a finales de 2014. La directora del centro recordó haberlos visto apostados en un dique cercano con la protección corporal completa bajo el sol abrasador, con equipo de vigilancia de alta tecnología. Su presencia pareció tener un efecto disuasorio.

"Los tipos al otro lado saben todo lo que pasa, así que se van a otro lado. Es un negocio, y quieren que el negocio funcione sin problemas", comentó Marianna Trevino Wright.

Pero la presión de las autoridades y la atención de los medios en la frontera también disuadió a los visitantes, los aficionados a las aves y mariposas que llegan desde lugares tan lejanos como Japón. La participación en el festival anual del centro cayó el otoño pasado en un 20 por ciento, señaló la directora.

"Vienes aquí y ves lo hermoso y tranquilo y pacífico que es, y en las noticias sonaba como si nos estuvieran invadiendo", dijo.

El centro celebró dos cenas para la Guardia Nacional, pero Trevino dijo que no había visto a ningún miembro del cuerpo en la zona desde enero.

Ese papel más discreto ha hecho que algunos responsables locales se replanteen el coste de mantener a los guardias en la zona. El año que viene, Texas superará los 1.000 millones de dólares gastados en seguridad de frontera desde 2008. El dinero ha pagado desde personal a futuristas aviones espías y lanchas blindadas de 600.000 dólares con ametralladoras que disparan 900 rondas por minuto.

El jefe de policía del condado de Cameron, Omar Lucio, dijo que no ha visto a la guardia trabajar en su condado y sus agentes tampoco han informado de haberles avistado. Ese dinero se gastaría mejor reforzando los cuerpos locales de seguridad, dijo.

"Tenemos que saber cuándo puedes detener a alguien, cuándo puedes interrogar a alguien, cuándo tienes causa probable para parar. La Guardia Nacional no tiene esa clase de autoridad", señaló Lucio.

La hermana Norma Pimentel, directora ejecutiva de Catholic Charities en McAllen, que abrió un refugio para migrantes el pasado verano, también puso en duda lo que aportaba la Guardia Nacional.

"La gente en general aprecia la sensación de seguridad que nos proporcionan nuestras fuerzas de la ley locales", dijo Pimentel. "No sé de nada que esté haciendo la Guardia Nacional por mejorar esa seguridad".

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Weber informó desde Austin.

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