Tensas relaciones entre Uruguay y 6 refugiados de Guantánamo

Hace apenas dos meses, Uruguay acogió a seis ex presos de Guantánamo como gesto humanitario, y las relaciones con los recién llegados ya es algo tirante.

Uno de los ex prisioneros se quejó la semana pasada en una entrevista de que él y sus cinco compañeros habían dejado una cárcel para caer en otra. El presidente de Uruguay, José Mujica, que lideró el plan para llevarlos a su nación sudamericana, respondió cuestionando la voluntad de los hombres para trabajar.

Los prisioneros pasaron más de una docena de años en la base de la marina estadounidense en Cuba antes de ser trasladado a Montevideo en diciembre. Mujica dijo que se les prestaría ayuda para establecerse en un país de 3,3 millones de habitantes, donde la población musulmana total asciende a unas 300 personas.

El gobierno ofreció a los ex detenidos una residencia donde estudiar español, aprender sobre la cultura uruguaya e integrarse en su nuevo hogar.

Sin embargo, el refugiado Abu Wa'el Dhiab abrió la polémica al quejarse la semana pasada de que "salimos de una prisión y entramos en otra". También hizo un breve viaje a la vecina Argentina y dijo que pensaba pedir al país que diera asilo a los prisioneros de Guantánamo.

En la entrevista en televisión, Dhiab dio las gracias a los uruguayos por acogerles, pero dijo que debería haber un plan para ayudar a los ex detenidos, que necesitan "su familia, una casa en la que estar, un trabajo y algún ingreso que les permita construir un futuro".

Sin embargo, el sindicato próximo al gobierno PIT-CNT, encargado de asistir a los refugiados, dijo que han rechazado ofertas de trabajo.

Después, Mujica visitó la casa donde residen cinco de los seis hombres y les pidió que trabajen. Tras su visita, el presidente dijo en su programa de radio que los ex prisioneros son muy distintos de los ancestros de los uruguayos, que dijo eran inmigrantes duros y trabajadores.

"Si esta gente hubiera sido gente muy humilde del desierto, del pobrerío, seguramente sería más primitiva y más fuerte. Pero no lo son", dijo de los ex prisioneros. "Por sus manos, por algo de sus facciones y de sus pequeñas historias familiares, me pareció que son gente de clase media".

Algunos parlamentarios de oposición se posicionaron contra el plan desde el principio, pero un legislador, el senador Ope Pasquet, del Partido Colorado, los defendió el miércoles, señalando en Twitter que es "prematuro" pretender que los refugiados ya estén trabajando luego de haber pasado presos "más de diez años en condiciones espantosas" y haber padecido un "terrible" daño psicológico.

Los seis hombres fueron detenidos en 2002 como sospechosos de tener lazos con al-Qaeda, pero no nunca se presentaron cargos en su contra. Su liberación se aprobó en 2009, pero no se les podía enviar a sus países de origen y Estados Unidos tuvo problemas para encontrar países dispuestos a aceptarlos.

Durante su estancia en Guantánamo, Dhiab estuvo en el centro de una batalla legal en los tribunales estadounidenses sobre la alimentación forzosa llevada a cabo por el ejército. Cuando llegó a Uruguay, según medios, se encontraba débil tras reiteradas huelgas de hambre. En videos recientes, Dhiab se ve delgado pero no de forma exagerada.

Desde la apertura del centro de detención de Guantánamo en 2002, unos 620 prisioneros han sido liberado o transferidos, la inmensa mayoría sin declaraciones ni apariciones públicas.