Análisis: Expansión OTAN, en centro de la crisis en Ucrania

La Guerra Fría no terminó. Solo se tomó un descanso de 24 años. El enfrentamiento Este-Oeste en Ucrania lo deja claro.

Mientras las repúblicas no rusas se liberaban en el colapso de la Unión Soviética y los países satélites soviético del este rompían las cadenas de la dominación de Moscú, la sabiduría popular señalaba que la Guerra Fría había terminado. Los vencedores: Estados Unidos y sus aliados, unidos en la OTAN para bloquear cualquier expansión soviética por Europa tras la II Guerra Mundial.

Desde el colapso soviético -- como temía Moscú -- esa alianza se ha extendido hacia el este, ampliándose en torno a la línea marcada por Estonia en el norte y Rumanía y Bulgaria en el sur. El Kremlin afirma que tenía garantías de Occidente de que eso no iba a suceder. Ahora, los únicos huecos de Moscú a la presencia de la OTAN en su frontera occidental son Finlandia, Bielorrusia y Ucrania.

The Kremlin no tendría que haberse mostrado paranoico al mirar a ese mapa con preocupación. Y Rusia reacciono de forma drástica a principios del año pasado. Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia han vuelto al peligroso enfrentamiento nuclear y político de los años que precedieron al desmembramiento de la URSS.

Todo comenzó con prolongadas manifestaciones prooccidentales en la capital de Ucrania. El levantamiento hizo que el corrupto presidente del país, próximo a Rusia, Viktor Yanukóvich huyese a Moscú hace casi un año. La inestabilidad política comenzó cuando Yanukóvich -- contrario a un acuerdo con la Unión Europea para relaciones políticas y comerciales más estrechas con el bloque paneuropeo -- dio marcha atrás y aceptó garantías de Rusia para acceder a miles de millones de dólares en ayuda financiera.

Cuando un nuevo gobierno prooccidental se hizo con el poder en Ucrania, Moscú reaccionó tomando el control de la península de Crimea y volviéndola a incorporar al país. El líder soviético Nikita Jrushchev transfirió en 1954 el control de la estratégica región de la federación rusa a Ucrania. Crimea seguía manteniendo la base de la flota rusa en el mar Negro y la mayoría de su población es de etnia rusa.

Separatistas rusófonos en el este de Ucrania -- junto a la frontera con el país vecino -- comenzaron a agitarse y a luchar para liberarse del control de Kiev, con algunos exigiendo autonomía, independencia o su integración en Rusia. Mientras milicianos respaldados por Moscú -- Occidente asegura que recibieron armamento pesado ruso y están respaldados por fuerzas del país -- penetraban cada vez más en Ucrania, una conferencia de paz en septiembre estableció planes para un alto el fuego y medidas para para una eventual solución política.

La tregua nunca llegó a cumplirse y los combates entre las fuerzas ucranianas y los separatistas ganaron intensidad. Los rebeldes conquistaron una considerable cantidad de territorios durante los enfrentamientos, que según Naciones Unidas se han cobrado 5.300 vidas.

Ahora hay un nuevo plan de paz. Cerrado la semana pasada tras negociaciones que se prolongaron durante toda la noche, incluye un alto el fuego que entrará en vigor el domingo. Pero desde el anuncio de la tregua, los combates no han hecho más que aumentar, mientras las fuerzas de Kiev luchan para mantener el control de un importante centro ferroviario en Debáltaseve, que controla el transporte entre las regiones rebeldes de Donetsk y Luhansk. Estas zonas acogen destacados complejos industriales, muchos de los cuales producen armas para el ejército ruso.

Como parte del acuerdo que pide el final del enfrentamiento armado, ambos bandos retirarán el armamento pesado del frente. Kiev también redactará una nueva constitución que reflejaría las demandas de autonomía de los separatistas. Ucrania podría retomar el control de su frontera con Rusia. Moscú ve el acuerdo como una garantía de que Ucrania no entrará en la OTAN.

El pacto fue presentado como una nueva ocasión para la paz por el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, que organizaron la cumbre en la que estuvieron presentes el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, y el ruso, Vladimir Putin. Los rebeldes firmaron el documento. El gobierno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que emprendió una dura campaña de sanciones contra Moscú por sus acciones en Crimea y el este de Ucrania, ha decido esperar a ver qué ocurre.

"La verdadera prueba del acuerdo de hoy estará en su completa y ambigua implementación, incluyendo un final duradero de las hostilidades y la recuperación de Ucrania del control sobre su frontera con Rusia", dijo la Casa Blanca en un comunicado.

Funcionarios estadounidenses son escépticos con respecto a la duración del acuerdo. El secretario de Estado, John Kerry, lo dejó claro: "Las acciones son lo que importa ahora. Juzgaremos el compromiso del Rusia y los separatistas por sus acciones, no por sus palabras".

Mientras, el gobierno ha postergado una decisión sobre enviar armamento letal a Ucrania además de nuevas sanciones sobre Rusia. Putin, que se ha mostrado impertérrito ante las sanciones occidentales y el desplome de los precios del petróleo que han amenazado la economía del país, está un paso más cerca de su objetivo de dejar claro que no había otro miembro de la OTAN en su frontera occidental.

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NOTA DEL EDITOR -- Steven R. Hurst es periodista de política internacional de AP en Washington, trabajó 12 años desde Moscú y ha cubierto temas de relaciones internacionales durante 33 años.

An AP News Analysis