La oposición a las vacunas fluctuó a lo largo de los siglos

Aunque son consideradas uno de los mayores logros médicos de la humanidad, hay gente que se ha resistido a las vacunas casi desde la primera vez que se inyectó una -- en 1796, cuando el médico rural inglés Edward Jenner inoculó a un niño de 8 años contra la viruela.

A mediados del siglo XIX, la gente protestó en las calles de la Inglaterra victoriana cuando el gobierno empezó a pedir a sus ciudadanos que recibieran su primera vacuna. Muchos opositores desconfiaban de los médicos y de un tratamiento que no entendían. En esos primeros momentos, se empleó el virus de la viruela en el ganado para inmunizar a las personas contra la viruela.

"La gente tenía miedo de convertirse en vaca si recibía la vacuna de la viruela del ganado", dijo Paul Offit, un médico especialista en investigación de vacunas en el Hospital Infantil de Filadelfia, que se ha manifestado en contra de los grupos que abogan por no inocular a los niños.

Más de siglo y medio después, en Estados Unidos sigue habiendo un trasfondo de aversión y desconfianza hacia las vacunas. Esto se refleja en el brote de sarampión que comenzó el pasado diciembre en un parque de diversiones de Disneyland -- a donde probablemente llegó del extranjero como ocurrió en los últimos años. Muchos de los que se infectaron y propagaron la enfermedad no se habían vacunado en la infancia.

A pesar de los éxitos demostrados médicamente para erradicar no solo enfermedades temidas como la viruela y la polio, sino acercarse a eliminar otras como la difteria, la rubeola, el tétanos o las paperas en Estados Unidos, el sentimiento contrario a las vacunas ha fluctuado a lo largo de los años.

"Es justo decir que desde que tenemos vacunas, los gobiernos han trabajado para promoverlas -- y segmentos de la población se han resistido a ellas", dijo Jason Schwartz, un historiador médico que estudia las políticas de vacunación en la Universidad de Princeton.

En Estados Unidos, la oposición a las vacunas fue más intensa a finales del siglo XIX y principios de XX, dijo Susan Lederer, responsable de historia médica y bioética de la Universidad de Wisconsin.

Fue ahí cuando organizaciones como la Liga Americana Anti-Vacunación y la American Medical Liberty League asumieron el peso del movimiento. Algunos emplearon fotos con niños vacunados con cicatrices y sin miembros u ojos, para asegurar que las vacunas eran los culpables de su estado.

Las vacunas que se comercializaban en ese momento no estaban reguladas, y muchas no eran solo inefectivas sino que también suponían un riesgo por cómo estaban elaboradas o su modo de administrarse. Algunas no eran estériles e infectaban a los niños con otros gérmenes, como el tétanos.

Pero la oposición desapareció. Los desafíos legales a las leyes de vacunación y asistencia a la escuela fueron desestimados por el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Los fabricantes de vacunas se sometieron a una regulación más estricta y sus productos fueron mejores y más seguros.

A finales de la década de 1930, la resistencia había disminuido drásticamente. Y para 1950, el péndulo había oscilado. La ciencia médica fue ampliamente respetada, los médicos eran considerados sabios, y uno de los más grandes héroes de la nación fue el médico Jonas Salk -- inventor de la vacuna contra la polio.

La poliomielitis -- una enfermedad infecciosa incapacitante y potencialmente letal -- aterrorizó al país. A principios de la década de 1950, los brotes causaban más de 15.000 casos de parálisis al año. Cuando en 1955 los investigadores demostraron la vacuna de Salk funcionaba, la noticia produjo júbilo. Un responsable médico suplicó a los adultos que no captasen las escasas dosis de la vacuna.

"Dad prioridad a los niños," rogó el médico Dwight Murray, presidente de la Junta Directiva de la Asociación Médica Americana.

El entusiasmo por la vacuna contra la polio se mantuvo incluso después de conocerse -- sólo unas semanas más tarde -- que algunos de los primeros lotes habían provocado la enfermedad en niños.

"Si algo similar ocurriese hoy, sería difícil imaginar que el programa de vacunación siguiese adelante ", dijo Schwartz, de Princeton.

El movimiento contrario a las vacunas mantuvo en general un perfil bastante bajo hasta 1998, cuando una revista médica británica publicó un estudio ahora desacreditado en el que el investigador Andrew Wakefield y sus colegas sugieren un vínculo entre la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola y el autismo.

Era una pequeña serie de observaciones en apenas una docena de niños, no un estudio médico completo. Pero estalló en los medios de comunicación, y dio lugar a un gran descenso en las tasas de inmunización en Gran Bretaña. El efecto no fue tan drástico en los EE.UU., pero los investigadores estiman que unos 125.000 niños nacidos a finales de 1990 no recibieron sus inoculaciones por la publicación.

Estados Unidos estuvo entonces a punto de ver el final del sarampión "de cosecha propia" -- funcionarios sanitarios declararon el objetivo cumplido en el año 2000. Sin embargo, el estudio de Wakefield afectó incluso a prominentes expertos estadounidenses en vacunas y envalentonó a escépticos y a algunos legisladores para elevar las alarmas sobre las vacunas. Los años 1998 y 1999 marcaron un punto bajo para los defensores de estos procesos, dijo Schwartz.

Pero la situación cambió pronto. Otros investigadores hicieron estudios más grandes y mejor diseñados y no encontraron ninguna relación con el autismo. El trabajo de Wakefield fue desacreditado y la publicación se retractó. Pero todo esto ocurrió en una época en que aumentaron las tasas de diagnósticos de autismo, y algunos grupos de padres y celebridades siguen creyendo que las vacunas fueron las responsables.

En general, las tasas de vacunación entre niños en edad de acudir al jardín de infancia se han mantenido estables. Pero un número de creciente de familias se ha negado a la vacunación en determinadas comunidades.

La situación se coció a fuego lento hasta el brote de Disneyland. Puso el dedo en la llaga para defensores de la salud pública, padres a favor de la vacunación y hasta cómicos.

"Nunca he visto este nivel de ira en los padres que han elegido no vacunar a sus hijos", dijo Offit.

Cree que uno de los motivos más importantes es que el brote comenzó precisamente en esos parques de diversiones.

"Es el Jardín del Edén. ¿Y qué hemos hecho? Traer este virus en el Jardín del Edén", dijo.