Fotogalería: Penurias de miles de desamparados en Brasilia

Los más afortunados tienen carpas. El resto se conforman con atar toldos de plástico a los troncos de los bambúes para protegerse del sol abrasador del mediodía.

Unas 3.000 personas del Movimiento de los Sin Techo, que invade terrenos y edificios en ciudades de todo el país, se instalaron en estos días en seis terrenos de los alrededores de la capital Brasilia.

"Vine a Brasilia hace 20años y no he podido encontrar vivienda", dice Amanda Santana, de 39 años y madres de tres hijas, en uno de los campamentos. "Trabajo de mucama y con lo que gano no puedo pagar un alquiler. Mi única esperanza es que el gobierno nos ofrezca viviendas".

Líderes del movimiento y funcionarios del gobierno llegaron a un acuerdo el miércoles que podría hacer realidad el sueño de Santana. Las autoridades prometieron asignar tierras para construir viviendas para personas de bajos ingresos de los campamentos a cambio de que abandonen las tierras que ocupaban desde el sábado.

Hasta que eso suceda, los nómades del movimiento de los sin techo tratarán de seguir haciendo su vida como puedan.

Las mujeres usan ramas de palmeras como escobas. Cocinan arroz con vegetales y sobras de pollo, usando margarina vieja. Durante el receso escolar del verano los niños se divierten con cometas, hacen travesuras en las carpas y en las noches lluviosas se acomodan con los adultos junto a fogatas.

"Vamos de campamento en campamento", cuenta Faustina Araujo, de 41 años. "Mi esposo y mi hija necesitan una casa, pero no tenemos otra salida que plegarnos al movimiento" de los sin techo.