Resurgen dudas sobre Arabia Saudí y atentados del 11-S

Desde hace años, algunos funcionarios estadounidenses --en funciones y anteriores-- han pedido al presidente Barack Obama que libere ciertos archivos secretos que podrían documentar los presuntos vínculos entre el gobierno de Arabia Saudí y los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Otros funcionarios, entre ellos el director ejecutivo de la comisión del 11 de septiembre, han dicho que esos documentos clasificados no prueban que el gobierno saudí sabía o financió los atentados terroristas y que hacer público ese material no tendría ninguna utilidad.

Ahora, un testimonio infundado ante la corte --ofrecido por Zacharias Moussaoui, un ex miembro de al-Qaida que cumple cadena perpetua en una prisión federal estadounidense-- renovó los deseos de quienes quieren ver más de cerca esos documentos para determinar si hubo una participación oficial saudí con al-Qaida y los atacantes del 11 de septiembre.

Los inquisidores quieren que primero se desclasifiquen 28 páginas relativas a Arabia Saudí de una investigación conjunta del Congreso sobre los ataques.

"Le debemos a las familias una explicación completa", dijo Stephen Lynch, representante demócrata por Massachusetts y quien leyó las páginas clasificadas y escritas en 2002.

Esas páginas quedaron fuera de la versión pública del informe sobre las órdenes del presidente George W. Bush, quien alegó que podrían revelar las fuentes y los métodos del espionaje estadounidense. Funcionarios de ambos lados del debate reconocen que la decisión de proteger la delicada relación entre Estados Unidos y Arabia Saudí también tuvo un papel en la decisión de mantener los archivos en secreto.

Lynch y el legislador Walter Jones, republicano por Carolina del Norte, han patrocinado una resolución que pide la desclasificación de los expedientes. La Casa Blanca ha pedido a las agencias de inteligencia que revisen las páginas con la mirada puesta en su posible desclasificación, dijo el portavoz Ned Price, pero no se manejan fechas.

La controversia llega en un momento delicado en la relación entre Estados Unidos y el reino árabe.

Arabia Saudí tiene un nuevo rey --quien es pro estadounidense, como el difunto monarca-- y los dos aliados cautelosos trabajan estrechamente para enfrentar al grupo extremista Estado Islámico, la agitación social en Yemen y las aspiraciones nucleares de Irán. Al mismo tiempo, los funcionarios estadounidenses dicen que siguen reprendiendo en privado al gobierno saudí por sus abusos de los derechos humanos en el reino, como la reciente flagelación de un bloguero, y su apoyo a la propagación del extremismo religioso en el extranjero.

El preso Moussaoui --quien durante su juicio por conspiración terrorista afirmó que planeaba pilotear un avión y dirigirlo contra la Casa Blanca el 11 de septiembre-- fue depuesto por los abogados en un juicio civil por parte de algunas de las familias de las víctimas del 11-S, que buscan una indemnización del gobierno saudí y otros acusados, entre ellos organizaciones benéficas y bancos. Arabia Saudí rechaza enérgicamente esos señalamientos.

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El periodista de The Associated Press Larry Neumeister en Nueva York contribuyó a este despacho.

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