Diplomático hondureño ayudó en negociaciones con Cuba

Justo a tiempo para las fiestas, un asesor presidencial discreto invitó a la sufrida Judy Gross a la Casa Blanca para entregarle personalmente el regalo que ella esperaba desde hacía cinco años. Su esposo, el contratista Alan Gross, preso en Cuba, quedaría en libertad y volvería a casa.

El encuentro culminó dos años de negociaciones discretas con funcionarios cubanos. El hombre que ayudó a manejar esas negociaciones en representación del presidente Barack Obama fue Ricardo Zúñiga, un diplomático estadounidenses nacido en Honduras en el seno de una destacada familia política.

Las tratativas fueron mucho más allá de la libertad de Gross, condenado a 15 años por subversión, para abarcar el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba después de medio siglo de hostilidad propia de la Guerra Fría. Obama encomendó la difícil tarea a dos colaboradores: Ben Rhodes, asesor en materia de política exterior, y Zúñiga, un diplomático asignado al Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca como director senior de asuntos del hemisferio occidental.

Dan Restrepo, antecesor de Zúñiga en el cargo, dijo que lo recomendó como reemplazante porque sabía que las relaciones con Cuba ocuparían una parte importante de la agenda de Obama para su segundo período. Zúñiga se encontraba en ese momento en la embajada estadounidense en Brasil, pero anteriormente había trabajado en la Sección de Intereses en La Habana y dirigido la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado.

"No había nadie en el gobierno con mejor conocimiento de la mecánica, las medidas de gobierno y la política cubanas", dijo Restrepo. "Es un conjunto muy complejo de interacciones y leyes. Y cómo interactúan y qué se puede cambiar y qué es inmodificable no es fácil de deducir".

Otra destreza importante que Zúñiga aportó a las negociaciones fue su conocimiento del español. Nació hace 44 años en Tegucigalpa, nieto de of Ricardo Zúñiga Augustinus, un político derechista que se postuló sin éxito a la presidencia en 1981 y apoyó la dictadura militar de Oswaldo López. Se mudó a Estados Unidos con su madre estadounidense y se licenció en asuntos exteriores y estudios latinoamericanos en la Universidad de Virginia.

Otra cualidad importante de Zúñiga para un asunto que debía manejarse en total secreto es su discreción, dijo Restrepo.

"No es la clase de persona que busca llamar la atención, dijo Restrepo. "La elaboración de una política para Cuba suele llegar de manera notablemente rápida a los diarios. Ricardo no trafica con eso".

Las negociaciones con Cuba nunca trascendieron a lo largo de dos años de conversaciones en Canadá y en la Santa Sede por invitación del papa Francisco. Rhodes y Zúñiga informaban personalmente al presidente. Además de las negociaciones con la pequeña nación insular, Zúñiga debía ocuparse de todo un hemisferio, el ingreso de niños centroamericanos no acompañados y otras derivaciones de la política inmigratoria.

Cuando Obama hizo una histórica llamada telefónica para las negociaciones finales al presidente cubano Raúl Castro el 16 de diciembre, Rhodes y Zúñiga acompañaban al presidente. Una foto de la Casa Blanca después de la conversación telefónica muestra a Zúñiga cuando recibe un abrazo de su jefa, la asesora de seguridad nacional Susan Rice. Zúñiga y Rhodes dedicaron el día siguiente a preparar el anuncio presidencial y luego siguieron el discurso televisado desde la oficina de Rhodes en la Casa Blanca.