Miles de niños desaparecen cada año en China

En un video sin imagen nítida, la señora Zhang Xiouhong pudo ver por última vez a su hija cuando se dirigía en bicicleta a la escuela por un camino rural una tarde de primavera hace seis años.

En las tomas siguientes, Yao Li se desplaza por un camino poco después de que sus compañeros de clase pasaran a pie por el mismo trayecto.

Luego, se acaban sus imágenes. La adolescente de 15 años desaparece pocos minutos después de que la captara la cámara de seguridad. La única pista que dejó fue un zapato encontrado en una zanja en los alrededores.

Zhang y su esposo, Yao Fuji, han buscado desde entonces a su hija Yao Li en todo China con la esperanza de rescatarla de alguna red dedicada al tráfico de menores, actividad criminal que engulle cada año a miles de niños y niñas.

Al mismo tiempo, la policía ha hostilizado, arrestado y encarcelado a la pareja acusándola de causar problemas al sumarse a otros padres en igual situación y emprender sus propias búsquedas en las calles.

"Salimos y buscamos, después la policía nos rodea", declaró Zhang en la precaria habitación que ella y su esposo comparten cerca de donde su hija fue vista por última vez.

"Nadie se ocupa de mi hija. Nadie hace nada. ¿Cómo podemos tener esperanza?", apuntó.

En una sociedad estrechamente vigilada, donde las autoridades detienen incluso a los parientes de las víctimas de desastres aéreos cuando exigen la intervención del gobierno, Zhang y otros padres de menores desaparecidos han aprendido que deben luchar en dos frentes.

Primero, se enfrentan a una red turbia de secuestradores y criminales que compran y venden de niños, que se extiende en todas direcciones. Y como el proceder de la policía para encontrar a las víctimas a menudo deja insatisfechos a los progenitores, éstos deben negociar con las autoridades para buscar ellos mismos a sus hijos desaparecidos.

Según cálculos, unos 70.000 menores desaparecen cada año en China para adopciones ilegales, trabajos forzados o tráfico sexual, situación que convierte al país en uno de los mercados más grandes de menores secuestrados, según el periódico estatal China Daily, que se publica en inglés.

En comparación, Estados Unidos registra cada año unos 100 secuestros de niños por personas ajenas a las víctimas, dijo la Fundación Polly Klaas, una organización sin ánimo de lucro dedicada a impedir los delitos contra menores y que contribuye a la recuperación de algunos menores desaparecidos.

El Departamento de Estado norteamericano dijo en un informe anual de este año que China "no cumple totalmente con las medidas mínimas para la eliminación del tráfico (de menores)".

Las autoridades chinas han intentado mostrar que combaten el problema, para lo que en 2009 establecieron una fuerza especial antisecuestros, de la que la prensa gubernamental afirma que ha capturado a los integrantes de 11.000 bandas de traficantes y rescatado a más de 54.000 menores en todo el país.

En octubre, este problema fue el tema principal de la película "Dearest", de producción china, que cuenta la historia real de una pareja que encontró a su hijo secuestrado tras una búsqueda de tres años.

Sin embargo, muchos padres afirman que tienen que actuar por su cuenta con mucho esfuerzo debido a que la policía los deja solos en el mejor de los casos.

Xiao Chaohua, cuyo hijo de cinco años desapareció fuera de su tienda en 2007, dijo que por lo general se rechaza que la televisión estatal difunda fotografías y nombres de los menores, al igual que las propuestas para que se cree la versión china del sistema de alerta Amber de Estados Unidos para difundir información sobre niños desaparecidos en letreros en carreteras u otros medios.

"Las autoridades no transmitirán nada porque si lo hacen expondrán uno de los problemas de China: la desaparición de menores en el país", declaró Xiao.

El ministerio de Seguridad Pública, que dirige a la fuerza especial antisecuestros, no respondió a diversas llamadas ni a faxes para que hiciera declaraciones sobre el tema.

Según Pia Macrae, directora del grupo internacional sin ánimo de lucro Save The Children, la policía china a menudo muestra más disposición a ayudar a las familias que tienen recursos, pero incluso así no informan de sus actuaciones a los padres afectados.

"Los padres se sienten incomunicados y desean la adopción de medidas", señaló Macrae. "Hemos visto un esfuerzo verdadero de la policía para extender la mano y mejorar las cosas, y confiamos en que haya una mejora".

Aunque China ha reforzado sus leyes contra el tráfico de menores y aumentado las campañas de concienciación sobre el problema, diversos padres afirman que continúan actuando por su propia cuenta.

De hecho, los progenitores aseguran que el hostigamiento de la policía comenzó habitualmente cuando se reunieron en grupos de más de 20 personas que portaban pancartas y distribuían volantes con las imágenes de sus hijos.

Xiao dijo que la policía también lo ha detenido cuando conduce su camioneta en la que exhibe fotografías de niños y niñas desaparecidos.

La policía en China por lo regular combate cualquier grupo al que perciba que se organiza sin aprobación del gobierno y que desafía la autoridad oficial al margen de la causa.

Sin embargo, los padres de menores desaparecidos se niegan a rendirse.

Unas 1.000 familias han integrado un grupo de apoyo, con sede en Beijing, que comparte pistas sobre niños desaparecidos y negocia con la policía el permiso para que los padres busquen a sus hijos por su cuenta.

A menudo los padres acuden a ciudades donde supuestamente existen redes de tráfico infantil y sexual, e intentan rastrear a los presuntos traficantes.

"He decidido encontrar (a mi hijo)", declaró Xiao. "Si desisto, lo único que puedo hacer es pensar en él", apuntó.

En los últimos seis años, el grupo ha encontrado a dos menores, ambos secuestrados de pequeñas ciudades y vendidos a familias adoptivas, afirmó Xiao.

El grupo encontró a un chico en un orfanato en la provincia de Henan, en el centro del país; los compradores rechazaron al menor porque tenía un problema cardiaco, esto ocurrió apenas días después de que lo enviaran al extranjero para adopción.

Después de que China endureciera sus leyes contra el tráfico de menores en 2009, los precios de los niños secuestrados aumentaron hasta en 10 veces: a 32.000 dólares por niños y casi 10.000 dólares por niñas, agregó.

Los menores considerados particularmente atractivos alcanzan precios más altos.

Wu Xingfo, que dormía cuando robaron a su hijo de un año en su casa en 2008 en la provincia de Sanxi, en el centro de China, señaló que también ha sido hostigado por la policía en su intento por encontrar a su vástago.

"Todos los padres en Shanxi creamos nuestro propio grupo para encontrar a nuestros hijos, pero el gobierno afirma que nuestra acción causa problemas a la sociedad", afirmó Wu.

"Me tuvieron preso dos días. Han hecho pedazos las fotos que he distribuido de mi hijo. No entiendo por qué la policía no considera la situación con seriedad. Lo toman como cuando alguien pierde un perro o un bolso", apuntó.

Zhang --la mujer cuya hija fue visto por última vez mientras iba en bicicleta-- dijo que se le "heló el corazón" cuando la policía irrumpió en una reunión de más de una decena de padres a la que ella asistía en julio en la ciudad de Guangzhu, en el sur, cerca de donde según versiones funciona una de las mayores redes de tráfico de menores en el país.

Al igual que Xiao, Zhang y su esposo, Yao Fuji, conversaron sobre su situación con una marcada falta de emoción, evidentemente agotados por los años de angustia.

"(Las autoridades) dicen que en China hay derechos humanos, pero no es para nada el caso, ni una simple pizca", afirmó Yao. "Antes de lo sucedido a nuestra hija, creíamos que todo era fabuloso, como nos decían en televisión. Ahora sabemos que todo es una farsa", señaló.

Mientras el señor conversaba, Zhang reproducía en silencio el video de su hija que se dirigía en bicicleta a la escuela; repetía el segmento cuando la adolescente aparecía en la pantalla poco antes de su desaparición.

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Las videoperiodistas de The Associated Press, Helene Franchineau, e Isolda Morillo, contribuyeron a este despacho.