Dan mensaje de esperanza a prisioneros de Chicago

El nuevo arzobispo de Chicago y el reverendo Jesse Jackson dieron mensajes de esperanza por la Navidad a prisioneros en una de las cárceles más grandes de Estados Unidos, diciéndoles que tener el enfoque correcto puede ayudarlos a cambiar sus vidas.

Es la primera Navidad en Chicago para el arzobispo Blase Cupich, quien en noviembre reemplazó al cardenal Francis George al frente de la arquidiócesis local, que tiene 2,2 millones de católicos. La misa de Cupich en la cárcel siguió a una visita al Hospital Infantil Lurie de Chicago en la Nochebuena.

Cupich, de 65 años, habló en inglés y español. Durante la misa que dio el jueves a casi 150 internos dijo que, aunque el estar en la cárcel puede hacer dudar de Dios, enfocarse en las necesidades de otros puede ayudar a profundizar la fe.

"No hay nada más profundo en el corazón humano que el compromiso para vivir por otras personas", señaló. "Es en ese momento cuando experimentamos que Dios es real".

Cuando la ceremonia concluyó, Cupich saludó de mano a cada uno de los reos mientras caminaban en una sola fila de regreso a sus dormitorios.

Más tarde, el arzobispo dijo a los reporteros que tener una gran población penitenciaria es "un fracaso de la sociedad en general".

"El cinismo no nos lleva a ningún lado", agregó. "No podemos conformarnos con eso".

Más tarde ese mismo día, en otra área del complejo carcelario, el reverendo Jackson alentó a más de 230 hombres y mujeres a pedir perdón y dejar las drogas.

Jackson, quien desde hace años ha dado sermones navideños en las cárceles, dice que la idea es inspirar e invertir en los internos para que no regresen a la cárcel.

El reverendo estuvo acompañado por otros pastores de Chicago y por el representante demócrata Danny Davis. Jackson, de pie junto a un podio y con un micrófono, habló de varios temas y exhortó a los asistentes a que repitieran con él algunos puntos de su mensaje mientras cantantes de música góspel y una banda tocaban melodías.

En un momento emotivo, el reverendo pidió a los prisioneros ponerse de rodillas y pedir una guía para cambiar sus vidas.

"No pertenecemos aquí. Esta no es nuestra residencia permanente", agregó.