Ausencia de clientes mexicanos afecta a Arizona

Martha Isabel y Guadalupe Velásquez esperaron dos horas para cruzar a pie de México a la ciudad de Nogales, en Arizona, y ya que salieron de la fila el dinero no les alcanzó tanto como esperaban debido al tipo de cambio extremadamente alto.

"Es difícil porque resulta lo mismo que comprar en México pues el dólar está muy caro", dijo Martha Isabel. "Pero pese a todo algunos artículos son más baratos".

El tipo de cambio y las largas filas han provocado que las tiendas y los ingresos por impuestos en ciudades fronterizas como Nogales y Douglas sufran en esta temporada de vacaciones, que suele ser una época muy concurrida porque los mexicanos compran juguetes y artículos electrónicos que son mucho más baratos en Estados Unidos que en su país.

Menos personas han viajado este año, desalentadas por las grandes filas y el elevado precio del dólar, que se intercambia hasta a 14,70 pesos por unidad. Las filas suelen ser largas porque la gente es revisada minuciosamente al ingresar y, pese a que este año hay menos compradores, miles de personas cruzan diariamente a Nogales.

"Esta situación es un tanto novedosa y es algo que no habíamos visto desde hace tiempo", dijo Luis Ramírez, enlace fronterizo para la Comisión Arizona-México, que promueve el comercio transfronterizo.

La fortuna de las ciudades de la frontera está fuertemente ligada a los compradores mexicanos. En Douglas, 65% de sus ingresos proceden de los impuestos sobre ventas, y gran parte de ese ingreso corresponde a compradores mexicanos, dijo el alcalde Danny Ortega.

En el centro de Nogales, decenas de tiendas venden ropa, juguetes y otros artículos, generalmente con descuento y en grandes cantidades. Los vendedores salen a las aceras a promover sus tiendas en español, además de que grandes letreros muestran los precios bajos para los compradores, como por ejemplo una camisa de cuello de tortuga en 5,99 dólares. Las tiendas están muy cerca del cruce por el que pasan los peatones.

En su tienda de ropa y zapatos que mide 185 metros cuadrados (2.000 pies cuadrados), Alfredo Enríquez dice que a menudo escucha quejas de clientes que pasan horas en el Puerto de Ingreso Dennis DeConcini. Suele emplear a ocho personas durante la temporada navideña, pero este año cree que con dos le será suficiente para atender a los clientes.

"La situación es muy crítica. A finales de mes tendré que cerrar", dijo.

Victor Brabble, vocero de la Policía de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, dijo que la agencia está consciente de la importancia de los viajeros internacionales y se esfuerza para que el tiempo de espera a la hora de cruzar sea corto.