Obama se arriesga, pero bajo sus condiciones

Se ha criticado al presidente Barack Obama por su cautela en política exterior, pero las negociaciones secretas con Cuba antes del anuncio de la reanudación de relaciones diplomáticas revelan a un hombre dispuesto a tomar medidas audaces y arriesgadas, a condición de mantener un control estricto y confiar en algunos colaboradores íntimos.

Es la misma pauta que Obama aplicó durante las conversaciones secretas para lograr un acuerdo nuclear provisorio con Irán y en las discusiones con China que condujeron el mes pasado a un acuerdo sobre cambio climático.

Estas victorias diplomáticas dan prestigio a Obama y pueden contrarrestar las críticas de que sus respuestas al ascenso de la milicia Estado Islámico y la intervención rusa en Ucrania fueron débiles e ineficaces.

"Alrededor del mundo, Estados Unidos lidera", dijo Obama el viernes en su conferencia de prensa de fin de año. El presidente habló de su anuncio de que normalizaba las relaciones diplomáticas con Cuba luego de cinco décadas de enemistad propia de la Guerra Fría y que estaba "volviendo la página en nuestra relación con el pueblo cubano".

Las conversaciones secretas con Cuba, como las negociaciones con Irán y China, estuvieron a cargo de un pequeño grupo de funcionarios que entraban y salían furtivamente de Washington.

En las conversaciones con Irán participaron William Burns y Jake Sullivan, funcionarios del Departamento de Estado que posteriormente dejaron el servicio público. El negociador principal con China fue el asesor John Podesta, en tanto la misión con Cuba estuvo a cargo del viceasesor de seguridad nacional Ben Rhodes y el asesor sénior para América Latina Ricardo Zúñiga, quienes mantuvieron nueve reuniones con enviados cubanos en Canadá y el Vaticano.

En cada caso, la estrecha proximidad de los enviados con Obama constituyó un mensaje a sus contrapartes de que negociaban con la plena autoridad del presidente.

Irán y Cuba fueron jugadas de riesgo de Obama. Eran negociaciones con países con los que no mantenía relaciones diplomáticas desde hace décadas. Cualquier filtración hubiera socavado la escasa confianza existente.

Al abrir un canal directo con Irán, Obama podía incurrir en las iras de Israel, que ve en la República Islámica y sus planes nucleares una amenaza a su existencia. El cambio de rumbo con Cuba provocaría el antagonismo de los legisladores republicanos y algunos demócratas, aunque la medida no hace más que alinear a Estados Unidos con el resto del mundo en sus relaciones con la isla situada a 90 millas de la costa estadounidense.

Hay pocas garantías de que Obama logre sus objetivos. El presidente concede a las negociaciones para un acuerdo nuclear permanente con Irán un 50% de probabilidades y el viernes reconoció que el cambio político y social profundo será un proceso lento en Cuba.

En otros asuntos de política exterior, Obama se ha mostrado menos dispuesto a arriesgarse, sobre todo cuando la opción militar está sobre la mesa. Por ejemplo, tanto detractores como aliados han considerado su política frente a Siria lenta e indecisa.

También se lo ha cuestionado sobre si actuó con la suficiente agresividad para ayudar a Ucrania a enfrentar a Rusia. Hasta ahora se ha limitado a aplicar sanciones económicas, que han provocado la caída en picada del rublo, pero hay pocos indicios de que las penurias económicas forzarán al presidente Vladimir Putin a retirar sus fuerzas.

Más allá de la diplomacia, Obama se ha arriesgado al aprobar intentos de rescate de rehenes en Siria y Yemen. Ha utilizado aviones teledirigidos y fuerzas especiales contra el terrorismo, como la incursión en Pakistán en 2011 que mató a Osama bin Laden.

Sin embargo, el propio Obama a veces ayuda a perpetuar la imagen de un presidente paralizado por la perspectiva de un riesgo. Cuando se le preguntó meses atrás cuál era su doctrina en materia exterior, dijo que su estrategia consistía en "evitar errores".

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Julie Pace está en Twitter como: http://twitter.com/jpaceDC