DDHH de Cuba bajo los reflectores tras acuerdo

Para muchos exiliados y sus partidarios, el presidente Raúl Castro es un dictador brutal que encarcela a los disidentes en prisiones similares a las del gulag, aplasta la disertación política y condena a su pueblo a una pobreza socialista.

Por su parte, los partidarios del régimen de Cuba ven al gobierno como heroico, cuyos pecados están justificados por el comportamiento de su gigantesco enemigo norteño, y compensados por el hecho de que proporciona atención de salud y educación con los que la mayoría de los países en desarrollo sólo pueden soñar.

Y, como suele suceder, la verdad yace en alguna parte del medio.

El presidente estadounidense Barack Obama dijo el viernes que comenzó su histórica llamada telefónica con Castro con un sermón de 15 minutos sobre el respeto a los derechos humanos y la libertad política, en el que agregó: "Este sigue siendo un régimen que oprime a su pueblo".

Aun así, dijo que las políticas estadounidenses no habían logrado cambiar a Cuba durante más de medio siglo y que ya era hora de intentar algo nuevo.

Los activistas por los derechos humanos recibieron con beneplácito la reanudación de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, pero añadieron que el gobierno socialista de la isla tiene mucho de qué rendir cuentas, incluida la negativa a permitir la libertad de expresión, la prohibición de los sindicatos independientes y la falta de elecciones imparciales y competitivas.

"Creo que el presidente Obama está tomando la decisión correcta, pero eso no significa que nuestras graves preocupaciones sobre el respeto a los derechos humanos con relación a Cuba hayan desaparecido", dijo José Miguel Vivanco, director ejecutivo de la división para las Américas de Human Rights Watch, a The Associated Press.

Castro ha defendido el sistema político unipartidista, bajo el argumento de que permitir elecciones abiertas "equivaldría, sencillamente, a legalizar al partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio y sacrificar el arma estratégica de la unidad de los cubanos".

Las acusaciones de violaciones a los derechos humanos han perseguido al gobierno cubano desde el principio. Iniciaron con los juicios sumarios y ejecuciones después de la revolución de 1959 que derrocó al dictador Fulgencio Batista, cuyo régimen cometió sus propias violaciones, como tortura, ejecuciones y persecución de la prensa.

En los años que siguieron, sacerdotes, homosexuales y otras personas consideradas socialmente peligrosas fueron enviados a campamentos de trabajos forzados, y los opositores políticos fueron encarcelados u obligados a exiliarse.

Sin duda que el panorama ha cambiado en los últimos años, en especial desde que Fidel Castro le entregó el poder a su hermano en 2006.

En 2010, Raúl Castro negoció un acuerdo con la Iglesia católica y España para liberar a 75 disidentes políticos que habían sido sentenciados a largos períodos en la cárcel, y ha permitido mayor libertad eclesiástica en la isla, con nuevas medidas en este sentido a partir de la apertura alcanzada por Fidel Castro y el papa Juan Pablo II.

Amnistía Internacional tiene registrados a cinco reos cubanos como "prisioneros de conciencia", un fuerte descenso en comparación con años anteriores, aunque Marselha Goncalves Margerin, directora de abogacía del grupo para las Américas, dijo que Amnistía ha hecho campaña en favor de otros que no se ajustan a su estricta definición.

"Cuba siempre ha usado la excusa del embargo estadounidense y las restricciones para reprimir a los disidentes", afirmó. "Una vez que esto sea retirado, esperamos que se generen cambios en el respeto a los derechos humanos".

Como parte del acuerdo de esta semana con Estados Unidos, Castro accedió a liberar a 53 personas que la Casa Blanca describe como disidentes, aunque sus identidades no han sido dadas a conocer. Se desconoce si algunos de los que se encuentran en la lista de Amnistía están entre ellos.

Elizardo Sánchez, uno de los pocos activistas por los derechos humanos que la isla tolera, dijo que ha estado recibiendo llamadas telefónicas de reos que le preguntan si él tiene una lista y si ellos se encuentran allí, pero ha tenido que decirles que no sabe. No ha habido evidencia de ninguna liberación masiva, afirmó.

Sánchez también recibió con beneplácito la reanudación de vínculos diplomáticos con Estados Unidos, a pesar de lo que describió como un fuerte incremento en las acciones de hostigamiento e intimidación.

Aunque el gobierno ha dejado de sentenciar a disidentes a largos períodos de prisión, dijo que las detenciones a corto plazo han aumentado en el gobierno de Raúl Castro, de 2.074 en 2010 a 8.410 a lo largo de los primeros 11 meses de este año. Las autoridades cubanas rechazan los hallazgos por considerarlos ficticios, y consideran que los disidentes son secuaces pagados de Washington.

El gobierno de Castro no ha cedido en el asunto de un estado unipartidista, pero Vivanco dice que los problemas de derechos humanos en Cuba no se encuentran al mismo nivel que los de un país como Corea del Norte, y señala que ha habido cambios en algunos asuntos cruciales, tales como la libertad para viajar, la cual estaba estrictamente controlada durante el gobierno de Fidel Castro.

Se ha permitido que disidentes destacados tales como la bloguera Yoani Sánchez viajen bajo las reformas, y en dichos recorridos han hablado en contra de las políticas gubernamentales.

El más joven de los hermanos Castro ha autorizado algunas iniciativas privadas en la isla, así como que los cubanos sean dueños de computadoras y teléfonos celulares. Los derechos de la comunidad lésbico, gay, bisexual y transgénero también han avanzado bajo el régimen de Raúl Castro, cuya hija es la activista más prominente en la isla en favor de los derechos de los homosexuales. Ahora el sistema universal del gobierno para la atención gratuita a la salud paga las cirugías de cambio de sexo, y los desfiles por el orgullo gay se llevan a cabo cada año.

Jorge Duany, director del Centro de Investigación Cubano en la Universidad Internacional de la Florida, reconoció que ha habido avances en algunos temas como la libertad de religión, pero añadió que, en gran medida, Raúl Castro comparte las actitudes de su hermano.

"Desde que Raúl asumió el puesto, las estrategias represivas se han vuelto más sutiles, pero no necesariamente menos brutales", afirmó.

Elizardo Sánchez advirtió que no hay que creer que una mejor relación entre Washington y La Habana modificará gran cosa en el frente del respeto a los derechos humanos.

"No creo que haya una relación causa-efecto entre la normalización de relaciones entre los estados y la necesaria implementación de reformas por parte del gobierno de Cuba", advirtió.

Obama coincidió con ese punto de vista, al afirmar que no espera mejoras de la noche a la mañana.