Puros cubanos hacen su reaparición en EEUU

El codiciado puro cubano podrá ingresar legalmente a Estados Unidos por primera vez en años al relajarse las restricciones a los viajeros estadounidenses a Cuba, permitiéndose que traigan algunos en sus maletas. Pero no podrán ser vendidos en el país y los dueños de negocios de puros dicen que no creen que la perspectiva de que haya más puros pueda afectar su negocio.

"No creo que puedan pagar por ellos. No son para el cliente común", sostuvo Erik Otero, quien se fue de Cuba cuando tenía tres años y está enrollando puros desde los 11.

La mayor parte de la gente no viajará con el objetivo de comprar puros, sostuvo Otero, quien trabaja en Guantanamera Cigars Co. de la Pequeña Habana de Miami. "En todo caso, pueden alimentar un boom del puro porque van a aumentar el interés".

Los estadounidenses que viajen a Cuba podrán traer mercancías por valor de 400 dólares y no más de 100 dólares en alcohol y tabaco. Los expertos dicen que ello representa de tres a 20 puros, dependiendo del tamaño, la marca y la calidad.

En Miami el cliente promedio gasta entre cinco y ocho dólares en un puro, indicó Otero.

Sampson Clay, de Cincinnati y quien estaba de luna de miel en Miami, pasó por Cuba Tobacco Cigar Co., donde un empleado enrolló un puro ante una cantidad de curiosos.

Clay dijo que ir a Cuba es demasiado costoso. "Me encantan los puros, pero probablemente no vaya allí solo para comprar los puros auténticos".

Sentado en el bar de Florida Cigar Co. en Fort Lauderdale, Al Schilleci dijo lo que piensan muchos: Un puro cubano es algo fantástico, pero la calidad no es la de antes y los puros de Nicaragua son igual de buenos, si no mejores.

"Tengo algunos puros nicaragüenses que me animo a comparar con cualquier puro cubano", manifestó Schilleci, quien tiene 60 años. "Iría a Cuba por ver Cuba, pero los puros no serían una atracción".

El presidente Barack Obama anunció una serie de iniciativas para reforzar los lazos con Cuba, pero el embargo comercial contra ese país seguirá vigente. El viajero puede traer puros para uso personal, no para la reventa, igual que bajo las normas fijadas por George W. Bush en agosto del 2004.

Cuando las normas entren en vigor, los puros que puedan traer los viajeros no afectarán los negocios, según Kip Talley, de The International Premium Cigar and Pipe Retail Association, organismo que agrupa a comerciantes y sus abastecedores.

"Si algún día se puede importar puros cubanos, creo que habrá un aumento en las ventas", expresó. "La curiosidad por un nuevo producto en el mercado hará que la gente lo pruebe".

En Estados Unidos se venden 13.000 millones de puros por año, según Talley. Menos de 300 millones son puros Premium, hechos a mano con los métodos tradicionales.

Esos son los puros que la gente va a comprar a la Pequeña Habana. Los autobuses turísticos paran en una calle con media docena de negocios de puros junto a un parque en el que hombres con sombreros de ala ancha juegan dominó.

Para los novatos, la mística del puro cubano es el principal atractivo. Muchos consideran que el tabaco cubano es el mejor del mundo por su clima, su tierra fértil, su proximidad con el Ecuador y su técnica para enrollar los puros.

Pero algunos fumadores de años dicen que a los cubanos les tomará tiempo ponerse al día con la producción de puros más sofisticada que hay en Nicaragua y la República Dominicana, donde el tabaco "es cultivado por cubanos, con semillas cubanas y mucho control de calidad", según dice Joaquín Saladrigas, agente de ventas de los puros Don Pepín García.

Mucha gente que compra puros en Cuba, probablemente "volverá a su yate y los guardará bajo llave" para poder pavonearse ante sus amigos, de acuerdo con Jay Shapiro, de la Cámara de Comercio del Puro. "Es una industria impulsada por el ego".

Eric Newman, copropietario de J.C. Newman Cigar Co. en Tampa, dice que buena parte de la mística que rodea a los puros cubanos se deriva del hecho de que su venta está prohibida.

"Es como un fruto prohibido", sostuvo. "Todos quieren lo que no pueden tener".

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El reportero de Associated Press Peter Orsi colaboró en este despacho desde La Habana.