División entre exiliados por nueva etapa EEUU-Cuba

Cuando los líderes cubano y estadounidense anunciaron que restablecerían las relaciones diplomáticas luego de un enfrentamiento que duraba más de medio siglo, todos los ojos en Estados Unidos se volvieron inmediatamente a Miami, donde muchos esperaban que la mayor comunidad de exiliados cubanos del país se echase a la calle para mostrar su enfado.

Pero la indignación se llevó en silencio, con solo un puñado de manifestaciones, mientras que algunos expatriados conocidos por su apoyo a las medidas aislacionistas expresaron su apoyo a los cambios.

La respuesta al sorpresivo anuncio efectuado el miércoles por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo cubano Raúl Castro fue un reflejo de lo mucho que ha cambiado la comunidad cubanoestadounidese desde los días de la Guerra Fría, cuando Washington empezó a intentar aislar al gobierno comunista de la isla.

Daniel Lafuente, de 27 años y fundador del centro tecnológico LAB Miami, creció escuchando a su madre y a su abuelo hablar de su exilio. Siguió los levantamientos de la Primavera Árabe con consternación, pensando que Estados Unidos y Cuba se habían quedado atascados. Sigue oponiéndose a Raúl Castro y su hermano mayor, Fidel, pero al igual que otros cubanoestadounidenses, tras años de angustia y expectativas fracasadas está dispuesto a ver a dónde llega la nueva diplomacia y a dejar de lado las demandas para que su país aísle al de sus ancestros.

"Esto es como una nueva era", dijo Lafuente después de escuchar las noticias del miércoles.

La mayor parte de los 2 millones de cubanos que viven en Estados Unidos consideran a Florida su casa, y la Pequeña Habana ha sido durante mucho tiempo el lugar al que acudir para manifestarse en favor del aislamiento de los Castro. Artistas cubanos que intentaron actuar en Miami eran amenazados y aquellos que se atrevían a actuar en Cuba eran rechazados. Pero estos comportamientos han desaparecido y en las últimas protestas suele reunirse el mismo pequeño grupo de activistas.

Las generaciones más jóvenes y los recién llegados de Cuba tienden a ser más abiertos a la interacción y el diálogo. Los exiliados de más edad cuyos familiares fueron asesinados o encarcelados tras la revolución de 1959 son menos propensos a aprobar una normalización de las relaciones entre los dos países.

Pero hay excepciones en todas las edades: Raúl Hernández, de 60 años y nacido en Cuba, ha vivido en Miami durante 35 años y tiene dos hermanos todavía en Cuba. Las restricciones de viaje le impidieron ver a sus padres antes de que fallecieran.

"Creo que el embargo no ha sido bueno para el pueblo de Cuba porque el gobierno nunca ha cambiado", dijo.

Y después está Ahmed Martel, un diseñador web de 43 años, que demasiado joven para recordar la revolución pero vivió bajo el gobierno de Castro hasta que abandonó la isla en 1992.

Martel dice que se opone al plan para fortalecer los lazos y aliviar las restricciones sobre Cuba.

"No tiene ningún sentido poner a Cuba al mismo nivel que Estados Unidos", dijo. "Para nosotros no tiene ningún sentido sentarse con ellos y negociar".

Ana Lourdes Cuesta, de 45 años y de Miami, dijo que no podía creer que Obama considerase retirar la etiqueta de "estado terrorista" a Cuba y normalizar sus relaciones.

"¿Ahora vamos a ser amigos y cenar juntos, besar a bebés y estrechar manos? No. No se puede borrar la historia", dijo mientras agitaba una bandera cubana.

Martel y Cuesta estaban entre la docena de personas que mostraron carteles y banderas en una concurrida intersección en el oeste del Condado Miami-Dade el miércoles por la tarde.

En la Pequeña Habana, varias decenas de personas acudieron a las protestas organizadas a toda prisa, incluyendo John Hernández, quien portaba un cartel con el lema "Despedir a Obama".

"No debemos hacer negocios con dictadores. Son asesinos. Antes mataron a estadounidenses ", dijo Hernández, cuya madre, padre y hermana huyeron de Cuba en la década de 1960 antes de que él naciese, ya en Estados Unidos. "Me siento deshonrado".

Aunque en número los manifestantes eran pocos, el sonido incesante de las bocinas de los coches que pasaban sugería que el núcleo duro de la oposición seguía resistiéndose a los cambios.

Líderes y activistas locales dijeron que esperaban más protestas para los próximos días. Aún así, la silenciosa reacción inicial a la promesa de Obama para fomentar el flujo bilateral de personas, información y negocios mientras que se trabaja con el Congreso para poner fin a los 54 años de embargo comercial fue sorprendentemente opuesta a las ideas anticuadas sobre lo que quieren los cubanoestadounidenses.

Durante mucho tiempo se creyó que nadie podía ganar Florida y convertirse en presidente sin el apoyo de la comunidad cubana, totalmente contraria a cualquier cosa que pudiese ser vista como un apoyo para los Castro. Sin embargo, Obama ganó en el estado dos veces mientras prometía mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y ya había tomado medidas menores que han obtenido un importante apoyo entre la comunidad.

Ese apoyo procede en parte de los miles de cubanos que viajan regularmente entre La Habana y Miami gracias a Obama y de la presión que ejercida entre cajas por líderes empresariales cubanoestadounidenses que podrían haberse opuesto a estas iniciativas en décadas pasadas.

"Hemos pedido durante mucho tiempo pasos que mejoren los derechos humanos, den una oportunidad al pueblo cubano y rompan el aislamiento entre nuestros dos países. Las medidas tomadas hoy por los gobiernos de los EE.UU. y Cuba son históricas", dijo Carlos Saladrigas, presidente del Cuba Study Group financiado por empresarios.

Encuestas recientes han mostrado que los votantes de la comunidad cubana de Miami están divididos casi a partes iguales sobre el embargo a la mayoría de exportaciones a Cuba, que está vigente desde octubre de 1960.

Ramón Saúl Sánchez, quien dirige un grupo dedicado a ayudar a los recién llegados de la isla, dijo que este "paso radical" de Obama obligará a la gente de Florida que están apasionados por Cuba a estar más comprometidos.

"Esto no es un revés -- en realidad es un reto" para una comunidad de exiliados acostumbrado a lo de siempre, dijo.

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Los periodistas de la Associated Press Gisela Salomon, Jennifer Kay, Kelli Kennedy y Tony Winton contribuyeron a este despacho.