Estudiantes ayudan a otros inmigrantes como ellos

En el pequeño departamento de Benson, la cocina está llena de cajas con donaciones y dos adolescentes --una mexicana y un tailandés-- lavan, secan y acomodan una pila de platos, tazas, vasos y cubiertos en armarios que hasta hace poco estaban vacíos, mientras sus amigos de un club de escuelas secundarias único en su tipo pasan la aspiradora, guardan repollos frescos en la nevera y preparan carteles de bienvenida.

El Omaha Northwest Thrive Club preparaba el departamento 11 para una familia de refugiados que llegaba esa noche, informó el diario Omaha World-Herald (http://bit.ly/1uIHrfj ).

La iniciativa es parte del compromiso de los estudiantes, casi todos ellos extranjeros, hacia los recién llegados y refleja lo lejos que han llegado ellos mismos desde su arribo a Estados Unidos.

Los estudiantes de la escuela Omaha Northwest conocen bien los desafíos por delante: adaptarse a un clima a veces frígido, a un idioma nuevo y a cosas a las que a veces el inmigrante no está acostumbrado, como una cama.

"Nunca había usado un colchón", comentó Hei Blut Htoo, de 19 años, al recordar su primera noche en Estados Unidos hace siete años. "Dormí en el piso. La alfombra me pareció cálida y suave".

Hei Blut Htoo es el presidente del Thrive Club, una agrupación formada por estudiantes de cinco escuelas secundarias públicas de Omaha. El club incorpora a estudiantes extranjeros recién llegados a Omaha, que trabajan o que tienen padres que trabajan en actividades rurales, incluido el empaque de carne. Generalmente son estudiantes de otros países, muchos de ellos refugiados que no están habituados a las comodidades modernas ni asisten a la escuela con regularidad.

Cuando llegan a Estados Unidos, deben aprender muchas cosas. Muchos son estudiantes refugiados, que no se sienten cómodos hablando inglés, se inhiben en clases y no participan en actividades en las que podrían entablar amistades y forjar relaciones sólidas en la escuela.

Thrive trata de ayudarlos a sortear esas dificultades. El club realiza reuniones semanales y estimula a los estudiantes a que traten de ampliar sus horizontes y no quedarse encerrados en sus grupos étnicos. El club, que ya lleva funcionando cuatro años, los alienta asimismo a que no se contenten meramente con sobrevivir. Varios miembros del club asisten ahora a la universidad.

Para participar en el club se requiere un proyecto de servicios, incluidos gestos de generosidad, como recoger basura. Este año el Northwest Thrive Club quiso hacer algo más personal.

Fue así que se puso en contacto con los Servicios de la Familia Luterana, una agencia que reubica a refugiados, y pasó varios días convirtiendo el lúgubre departamento 11 en una vivienda cálida, con la ayuda de un bombero de Omaha que consiguió muebles y los llevó al departamento.

Algunos estudiantes compraron alimentos, seleccionando frutas y vegetales frescos que la familia de refugiados tailandeses ya conocía. También compraron toallas nuevas y una cortina para la ducha.

Otros, incluidos Hei Blut Htoo y Fernanda Compean, acomodaron todas las compras. Cada uno tenía su propia historia de inmigrante.

Los padres de Hei Blut Htoo, miembros de una minoría étnica llamada karen en Mianmar, habían huido a Tailandia. El nació en un campamento de refugiados. Vivió en una choza de bambú sin electricidad. La escuela no funcionaba con regularidad y eran frecuentes los incendios. De hecho, el campamento se incendió una vez y la familia tuvo que irse a otro.

Cuando su familia llegó a Houston, un patrocinador los llevó en auto a un departamento. Hei Blut Htoo recuerda lo hambriento que estaba. En los dos días de viaje no había comido arroz y añoraba hacerlo, pero lo que se encontró fue una caja con pollo de Walmart.

La persona encargada de asistirlos tardó una semana en aparecer. Él tenía 11 años y nadie lo matriculó en la escuela por varios meses. A su padre le costó conseguir trabajo. Se mudaron varias veces. A una remota ciudad de Texas llamada Cactus, a Amarillo y finalmente a Omaha, el año pasado. Su padre, quien trabajó empacando carne, sufrió hace poco un derrame.

Fernanda Compean tiene 16 años y vino de Tamaulipas, México, hace cuatro años. Se fue con su madre y una hermana a Denver y de allí manejaron hasta Gillette, Wyoming, donde trabajaba su padre. Fernanda dijo que no parecía haber muchos mexicanos en Gillette. El último censo dijo que los hispanos son el 10% de la población. Dijo que en la escuela había un solo estudiante que hablaba español. La animosidad hacia el inmigrante la sorprendió.

"Es duro", expresó, "porque a veces no nos quieren".

Se sintió muy sola, sobre todo hace un año y medio, cuando su madre murió de cáncer.

Fernanda se mudó a Omaha con una hermana mayor. Su padre trabaja en Kansas y las ve cuando puede.

Thrive ha sido importante para Fernanda, quien estudia en Northwest, y para Hei Blut Htoo. Los dos se han fijado ambiciosos objetivos que incluyen estudios universitarios. Fernanda quiere ser maestra de primaria. Hei Blut Htoo aspira a ser trabajador social, algo que ya está haciendo. Ayuda a inmigrantes a aprender inglés y los alienta a soltarse, diciéndoles que no deben sentir vergüenza.

"Les digo que yo pasé por lo mismo que están pasando ellos", manifestó.

Varios estudiantes esperaron en el Eppley Airfield a la familia de refugiados, un pareja con hijos de siete, cuatro y un año. Tomaron fotos y los acompañaron al departamento.

Pasaron allí la tarde. Hacia las nueve de la noche el sitio empezó a llenarse de gente. Llegó el enviado de los Servicios de la Familia Luterana asignado a esta familia y le llevó arroz y una arrocera. También llegaron un traductor de karen y miembros de esa comunidad que viven en Omaha.

La familia recién llegada parecía cansada pero feliz. Los jóvenes les mostraron cómo funcionaban las cosas. La cocina. La nevera. Hei Blut Htoo les dio un colador para el lavadero. Esto es un termostato. Esto el baño.

Cuando se fueron los estudiantes, la familia recién llegada sabía que había gente que pasó por las mismas experiencias que ellos dispuesta a ayudar.

"Quería que se sintiesen bienvenidos", expresó Hei Blut Htoo, "que supiesen que no están solos, que todo va a salir bien y que hay gente que se interesa en ellos".

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