55 años después, familia cubana vuelve a reunirse

Cuando Gerardo Garro se fue de Cuba en 1959 para escapar del régimen comunista de Fidel Castro, sabía que se estaba despidiendo de sus padres y sus ocho hermanos tal vez por última vez.

"Cuando me fui de Cuba, dejé a mi familia a sabiendas de que podía no volver a verlos", declaró Garro, de 82 años, al Fort Worth Star-Telegram (http://bit.ly/1yi9rZG). "Lo que hizo Castro fue separar familias y destruir un hermoso país".

Con el paso de los años, Garro y su esposa, Haydee, se radicaron primero en México y después en Texas. Su familia creció y tuvieron tres hijas y dos hijos, y Garro terminó enseñando español en una escuela secundaria del condado de Northeast Tarrant.

Dos hermanos y dos hermanas inmigraron también a Estados Unidos, pero todos los hermanos no se habían reunido nunca de nuevo hasta la semana pasada, en que se encontraron en Keller para festejar el Día de Acción de Gracias.

En su vivienda de tres dormitorios Garro y su esposa albergaron a José Antonio, de 73 años, residente en Miami; Roberto, de 76 y quien vive en Orlando, y Emigdio, de 72 y quien vino de Cuba, y a sus hermanas Elsa, de 79 años, de Miami, y Zoa, de 65 y residente en Miami Gardens.

"Pasamos juntos casi una semana", dijo Gerardo Garro la semana pasada. "Nos quedamos en la casa hablando. Pareciera que nunca podemos terminar la conversación. Hablamos y hablamos y la pasamos de maravillas. Es muy lindo poder abrazarnos y besarnos".

Los 55 años que pasaron desde que estuvieron juntos por última vez parece una eternidad un momento, y apenas unos minutos al siguiente.

"Buena parte de nuestras conversaciones consistieron en recordar lo que hicimos durante nuestra infancia", comentó Garro, acotando que esos recuerdos "son cosas buenas, no malas".

Como cuando Elsa Garro recordó que tenía cabello largo de niña y que a sus hermanos les gustaba tirárselo.

"Me alegro de recordar eso ahora", asegura entre las risas de todos.

Gerardo Garro se mantuvo en contacto con sus padres, hermanos y hermanas por teléfono. Los años se convirtieron en décadas. Recibió visitas de sus hermanas, que vinieron a Estados Unidos en los años 60, y de sus hermanos, dos de los cuales vinieron más tarde. La charla giraba en torno a cosas positivas, como las llegadas de nuevos hijos, y también de asuntos no tan alentadores, como la noticia de la muerte de los padres y de tres hermanos.

Garro ansiaba volver a ver a la familia reunida. Cuando su hermano menor vino de Cuba hace poco para visitar a una hermana en la Florida, se comprometió a hacer ese sueño realidad.

"Cuando vino me hermano, pensé que era una gran oportunidad de que nos reuniésemos todos", manifestó.

La odisea de Garro comenzó en Cuba en 1959, cuando se fue a México, donde trabajó como vendedor. En La Habana llevaba una buena vida como recopilador de datos de contabilidad para General Electric.

El 27 de marzo de 1960 vino con su familia a San Antonio, donde trabajó arreglando techos y en la limpieza.

La familia se instaló en Abilene, donde Garro trabajó como guardia en la escuela primaria Dyess Elementary School. El director de la escuela lo vio leyendo a menudo y le consiguió una beca con todos los gastos cubiertos para el Abilene Christian College, hoy la Abilene Christian University. Se graduó en 1964 con un título en español y administración de empresas.

"Mi esposa trabajó como costurera para ayudarme a sacar mi título", comenta Garro mientras mira amorosamente a su esposa. "Me apoyó todo el tiempo".

Posteriormente obtuvo una maestría como consejero en la Texas Tech University de Lubbock, acompañada de títulos secundarios en español y contabilidad.

Un buen día la Broadway Church of Christ de Lubbock lo envió a Barcelona, España, para trabajar como misionero y esa aventura duró 15 años.

De vuelta en Texas, Garro se afincó en el condado de Torrant y empezó a enseñar español en las escuelas secundarias Grapevine High School, Carroll High School de Southlake y Richland High School de North Richland Hills. Se jubiló en el 2001, luego de dos décadas como profesor.

Tiene cinco hijos, 13 nietos y tres biznietos, que son trillizos. Sus cinco hijos completaron estudios universitarios.

En el patio tiene una bandera de Estados Unidos en un mástil de 10 metros, como muestra de su agradecimiento por haber podido cumplir el sueño americano.

"Siento una gran gratitud hacia este país", expresó Garro. "Le debo más a este país que al mío propio".

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