Curaca amazónico dice el mar lo decepciona

Urushpa, un curaca kandozi que gobierna una comunidad de 50 personas en la amazonia peruana, tuvo siempre el sueño de conocer el mar. Cuando lo vio, se decepcionó.

"Este lago es gigante", dijo el curaca (anciano sabio) a través de un intérprete en una entrevista en una playa del Pacífico en Lima. "Hay mucha agua pero no se puede beber".

Dijo que en su pueblo, la comunidad kandozi de Charapa Cocha, pasaba lo mismo. Está ubicada en las cercanías del Rimachi, el mayor lago de la amazonia peruana.

"Hay mucha agua pero ya no se puede beber", comentó. "Tampoco sabemos cuándo lloverá ni cuándo habrá sol".

Urushpa, de 66 años de edad, llegó a Lima invitado por un grupo que participa en la COP20, la cumbre mundial climática que congrega a delegados de más de 190 países.

Llegar a Lima le tomó tres días. Fue la primera vez que salía de su pequeña comunidad pesquera, la primera vez que viajaría en automóvil y por cierto, la primera vez que abordaría un avión para llegar finalmente al mar.

En su participación en el foro habló de la necesidad de conservar los humedales amazónicos para la mitigación del calentamiento global.

Los humedales son pantanos que no solo regulan las condiciones climáticas de la región, sino que atrapan hasta un 10% más dióxido de carbono de la atmósfera que un bosque típico amazónico.

Estudios de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, en la ciudad amazónica de Iquitos, afirman que el carbono quedaría retenido por aguajales durante siglos si no se altera su composición de agua, barro y malezas, acumulados en capas de 1 a 8 metros de profundidad.

En la zona que habita Urushpa --la cuenca de los ríos Pastaza y Morona--, está el mayor humedal de la amazonia occidental, con 5,8 millones de hectáreas, el 40% de las cuales están en territorio ecuatoriano.

Urushpa, de 66 años, no habla español y nunca ha ido a la escuela. Cree que es el más viejo de los kandozi, de quienes dice que debido a los cambios de clima y la penetración occidental "ya no pueden  llegar a más viejos". De la etnia kandozi quedan menos de 2.000 personas, y de acuerdo con las autoridades están en riesgo de desaparición.

"Cuando era niño teníamos hombres mayores y árboles grandes, que nos daban sombra, aves y monos", dijo. "Hoy los hombres se mueren pronto, y tenemos árboles pequeños que no nos protegen del sol, y la brisa fresca ya no llora".

"Estoy triste", dijo Urushpa. "Mi pueblo se enferma, los niños se mueren, las cochas (lagunas) se secan, los pescados y los monos se han ido".

José Alvarez, director de diversidad biológica del ministerio del Ambiente, dijo que las dificultades de los kandozi con los recursos naturales "probablemente se deban más a la contaminación" que al cambio climático.

En un área más al norte, cerca de la frontera con Ecuador, hay una intensa explotación petrolífera. Con frecuencia, medios peruanos informan de derrames de crudo que contaminan riachuelos que desembocan en los grandes ríos amazónicos.

Se han encontrado peces con rastras de "metales pesados", dijo Alvarez.

Explicó que los brotes de enfermedades como dengue, malaria y hepatitis, que afectan a los kandozi en los últimos 20 años, se deben al desplazamiento de los vectores que lo producen, como zancudos y personas infectadas.